Crisis de la SFIO y nacimiento del comunismo francés


El Partido Comunista nació el 29 de diciembre de 1920 en el Congreso de Tours del Partido Socialista, adoptando la denominación de Sección Francesa de la Internacional Comunista. Una mayoría de los delegados decidieron incorporarse a la III Internacional y pasar a denominarse como comunistas. Esta mayoría se quedó con "L'Humanité" el periódico oficial, fundado en 1904 por Jaurés. La minoría, dirigida por Léon Blum, se opuso a esta decisión y decidió mantener el Partido Socialista. El nacimiento del PCF rompió, como en la mayoría de los países occidentales, con la unidad socialista. La división en el seno de la izquierda obrera fue común en todos los países europeos, pero en el caso francés hay que resaltar que sería la mayoría, en ese momento, la que pasaría a ser comunista.

El nuevo Partido Comunista no parecía que tuviera mucho de comunista, en principio. Dentro del Partido se podrían diferenciar dos posturas. Una de ellas representaría la izquierda de la formación y era la minoría. Abogaba por una bolchevización del Partido. Pero, además, su composición era heterogénea, ya que incluía militantes socialistas de extrema izquierda junto con anarcosindicalistas, pero que se encontraban unidos en su defensa del anarcomunismo, además de estar fascinados por lo que estaba pasando en Rusia con el triunfo de la Revolución Bolchevique. La corriente mayoritaria, más moderada, pretendía utilizar el ejemplo ruso como un revulsivo para revitalizar el socialismo francés, en crisis después de la Gran Guerra, ya que destacados socialistas había apoyado la unión sagrada frente al pacifismo defendido en la II Internacional, teniendo importantes Ministerios a su cargo durante la Gran Guerra. El Partido Socialista había fracasado en las elecciones a la Asamblea General de 1919, y tampoco las huelgas de abril del año siguiente habían constituido un éxito. La posición de continuar luchando a través de la vía parlamentaria y reformista de León Blum fue duramente criticada en el Congreso de Tours. Por eso, una mayoría en el Partido Socialista pensó que la Revolución Rusa conseguiría galvanizar al socialismo francés en aras de una victoria que se escapaba en las elecciones y mediante las huelgas.

Los rusos aceptaron la nueva formación por razones estratégicas del momento, aunque eran bien conscientes de la realidad heterogénea de la izquierda francesa. En los inicios de la década de los años veinte, después de los fracasos revolucionarios en Occidente, se fue consciente de las dificultades para que se diera una Revolución mundial. Por eso se podía aceptar al nuevo Partido Comunista francés y con el tiempo influir para que se transformase en verdaderamente bolchevique. Conviene añadir que Moscú no podía despreciar a una formación que aglutinaba a la mayoría de la antigua militancia socialista. Tampoco tardaron muchos los bolcheviques rusos en transformar al Partido Comunista francés, ya que en 1923 consiguieron neutralizar a la mayoría “centrista” con la expulsión del secretario general Frossard. Al año siguiente, le tocó a la minoría “izquierdista”. Se iniciaba la bolchevización del Partido Comunista.