Los bolcheviques en el inicio de su poder


Tras la Revolución de Octubre, que supuso el triunfo de los bolcheviques, se constituyó un Gobierno presidido por Lenin, sin participación de otras fuerzas políticas de la izquierda rusa. En este Consejo de Comisarios destacaba Trotski, que se responsabilizó de los asuntos exteriores, cartera fundamental, ya que el país seguía en guerra contra los Imperios Centrales y las relaciones con los aliados occidentales se habían deteriorado sustancialmente. Pero también estaba Stalin que se hizo cargo del Comisariado de las Nacionalidades, otro de los puntos clave, ya que había que abordar el complejo asunto de las distintas naciones que habían compuesto el ya fenecido Imperio zarista. También habría que citar a Rykov como comisario de Interior.

El Consejo ratificó los decretos que presentó Lenin. El decreto sobre la paz era un llamamiento a los contendientes para reunirse y alcanzar un acuerdo de paz sin condiciones, sin anexiones ni indemnizaciones. El decreto de la tierra anulaba la deuda de los campesinos, pero también abolía y repartía la gran propiedad. Este decreto no sólo asumía la ideología marxista-leninista, sino que, además buscaba el apoyo campesino a la Revolución.

El nuevo Gobierno suprimió los títulos y privilegios existentes y que no habían sido tocados por la Revolución de Febrero. Todos los rusos pasaron a ser iguales. Las nacionalidades, por su parte, podrían optar por la autodeterminación. Otro cambio administrativo muy importante fue el referido a que los soldados podían elegir a sus oficiales. Se estableció el mismo sueldo para los funcionarios y obreros. Se aprobó la igualdad entre hombres y mujeres, y se estableció el matrimonio civil. La Iglesia y el Estado quedaron radicalmente separados, terminando con una relación casi ancestral entre ambos. Por fin, se estableció el calendario occidental.

La seguridad del Estado se estableció a través de la Tchéka, una comisión dirigida contra los contrarrevolucionarios, la especulación y el sabotaje. Se trataba de la nueva policía política que sustituía a la Okrana zarista. Lenin nombró para dirigirla a Dzerjinski.

En relación con las reformas económicas, hay que destacar la nacionalización de la banca y las grandes empresas, y el control obrero de las empresas de más de cinco trabajadores. El gobierno decretó la anulación de la deuda del Estado, algo que tuvo una clara repercusión exterior.

Una de las grandes preocupaciones de las nuevas autoridades era lógicamente la guerra mundial. Lenin había defendido siempre la necesidad de terminar con la misma, como hemos visto en el decreto de paz, y como estableció en las Tesis de Abril. Si en esa paz era imposible que la revolución triunfase. Pero no era una cuestión fácil porque en el seno del bolchevismo había distintas sensibilidades al respecto. Bujarin defendía la necesidad de seguir haciendo frente a los alemanes y austriacos porque la firma de la paz supondría el triunfo del imperialismo representado por estas potencias. Trotski, por su parte, se encontraba entre esta tesis y la condena de la guerra de Lenin. Convendría frenar la guerra, pero teniendo cuidado de no defraudar al proletariado mundial porque podía quedar solo frente a una Alemania reforzada por esa paz. La cuestión fue sometida a la Asamblea Constituyente en enero de 1918. Allí fue derrotada la postura de Lenin, ante la mayoría socialrevolucionaria. Los bolcheviques estaban en clara minoría y no habían conseguido, además, que se reconociese el poder de los Soviets. Los bolcheviques estaban en una situación difícil, ya que, aunque eran fuertes en las grandes ciudades, en las zonas industriales y entre los soldados movilizados no lo eran en el resto de un país inmenso, ni mucho menos entre los campesinos, la mayoría de la población. Los resultados de las elecciones para formar la Asamblea Constituyente, que habían sido convocadas antes de los hechos de octubre, y que los bolcheviques no se atrevieron a anular, demostraron esa debilidad. Solamente obtuvieron una cuarta parte de los votos frente al triunfo claro de los socialrevolucionarios con un fuerte apoyo campesino. La Asamblea, además, anuló los decretos de octubre por principio, aunque los sustituyó por otros similares. La Asamblea no celebró una segunda sesión porque fue disuelta por los bolcheviques. Lenin no estaba dispuesto a compartir el poder.

La disolución de la Asamblea provocó un escándalo político. Lenin justificó esta acción por diversas razones, pero la principal de todas ellas fue que era un órgano propio de un estado burgués y, por lo tanto, contrarrevolucionario. La verdadera democracia se desarrollaba en los Soviets, que eran elegidos en pequeños comités de campesinos y obreros. Solamente los organismos de clase eran capaces de romper la resistencia de las clases poseedoras.

La moción de la paz fue presentada en el III Congreso de los Soviets, ya constituido como la cámara legislativa de la nueva Rusia. Se proclamó la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, y se aceptó la propuesta de paz, que sería firmada el 3 de marzo en Brest-Litovsk. Este acuerdo no fue muy favorable para Rusia, ya que se perdieron Polonia y los países del Báltico, y se estableció la evacuación de Ucrania y Finlandia. Al final, Rusia perdió unos 800.000 kilómetros cuadrados de territorio, casi el 26% de su población, amén de los importantes recursos naturales e industriales de dichos territorios, pero se había conseguido el objetivo de la paz para poder intentar consolidar la Revolución, asunto que pasaba por ganar la guerra civil.