El Periódico | 1886
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El primer socialismo catalán en el siglo XIX


La Historia del socialismo catalán en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XIX no puede entenderse sin la figura de Josep Pàmias por sus iniciativas dentro del socialismo oportunista, así como por las complejas relaciones con el PSOE, fundado en Madrid en 1879.

Josep Pàmias era zapatero de profesión y fue una figura imprescindible del movimiento obrero catalán desde la década de los setenta hasta su muerte en Barcelona en 1895. Fue miembro del Consejo Federal de la FRE de la AIT. Asistió al Congreso de 1872 y al Congreso de Córdoba. Fue miembro de la Alianza de la Democracia Socialista y secretario de la Unión de Obreros del Calzados. En 1873 formó parte del Comité de la Federación Local de la FRE de la AIT. En 1877 participó en la reorganización del Centro Federal de Sociedades Obreras de Barcelona, y además asistió en agosto de ese año al Congreso donde se constituyó el Centro Federal de Sociedades Obreras de Barcelona. Pàmias se destacó en la Federación de las Tres Clases de Vapor. En diciembre de 1880 fundaría El Obrero. Revista Social, órgano de la Federación de las Tres Clases de Vapor, que pasó a dirigir.

A partir de la fundación del PSOE y de la creación del primer núcleo fuera de Madrid en Guadalajara, comenzó a perfilarse un grupo en Barcelona. En este sentido es fundamental la figura del tipógrafo Toribio Reoyo Barbadillo, y que participó en la creación en 1871 de la Asociación General de Imprimir, y en las reuniones que condujeron a la formación del PSOE, aunque antes tuviera que emigrar de Madrid para poder subsistir. En 1878 estaba en Barcelona de nuevo. Allí participó en la creación de la Sociedad Tipográfica de Barcelona, así como en la creación del núcleo socialista de la capital catalana, contactando con Josep Pàmias, Caparró y otros miembros del movimiento societario, tan activo en Barcelona. En Barcelona, pues, se crea el 10 de mayo de 1881 el Partido Democrático Socialista Español con un programa propio. El manifiesto y programa es firmado por sesenta trabajadores y se tomó a El Obrero, como órgano de la nueva formación. Al parecer, en esta decisión de crear un partido propio catalán podía haber influido la decisión de los socialistas de crear unos meses antes, el Comité Central del PSOE. Los socialistas catalanes ponían el énfasis en las reformas democráticas y se alejaban de lo que consideraban la intransigencia del socialismo madrileño hacia el republicanismo. En realidad, se estaba ya conformando el socialismo oportunista que terminaría cuajando en la creación años después de una formación con esa denominación, como tendremos ocasión de estudiar. Los socialistas oportunistas catalanes, con Pàmias al frente, perseguían el cambio político para garantizar las libertades de los obreros, una opción que era compartida con algún socialista fuera del entorno catalán como José Mesa.

Como expresamos anteriormente El Obrero era el órgano de expresión del sindicato “Las Tres Clases de Vapor”. Tanto el sindicato como el periódico eran contrarios al sindicalismo apolítico de raíz anarquista y tendieron siempre hacia el marxismo. En este sentido conviene recordar que fue la primera publicación catalana que publicó el Manifiesto Comunista, en el año 1882. Entre 1886 y 1887 su director fue Toribio Reoyo. En el periódico se publicaron artículos y manifiestos, muchos de ellos firmados por Pablo Iglesias. El 30 de septiembre de 1881, el padre del socialismo español se dirigió al director de la publicación catalana para pedirle que publicara un escrito. En febrero de 1882 se publicó una carta de la Junta Directiva de la Asociación General del Arte de Imprimir, encarcelada a raíz de una huelga de tipógrafos. También se publicaron las informaciones periódicas de la Federación Tipográfica. En ese mismo año de 1882 los socialistas, por medio de diversos escritos de Pablo Iglesias, sostuvieron una intensa polémica, empleando las hojas de El Obrero, con el semanario colectivista madrileño La Revista Social. Esa polémica se repetiría en el año 1884, cuando la publicación madrileña se había ya decantado definitivamente hacia el anarquismo. Francisco Tomás Olivé escribió una serie de artículos bajo el título “Del nacimiento de las ideas anárquico-colectivistas en España”, donde se desacreditaba a los dirigentes socialistas, aquellos que en su día habían formado la Nueva Federación Madrileña de la AIT. Pablo Iglesias, por su parte, escribió otra serie, “Apuntes falsos”, donde defendía a los socialistas y a Paul Lafargue. El Obrero acogió en sus páginas el manifiesto que la dirección del PSOE dirigió a todos los trabajadores, así como unos artículos de Pablo Iglesias donde se felicitaba por el triunfo del socialismo alemán.

Pero, en realidad, las relaciones entre el socialismo madrileño y el catalán no eran muy fluidas, especialmente por el carácter societario del segundo. Entre 1887 y 1889 se produjo la ruptura definitiva. En octubre de 1887, El Obrero se manifestó opuesto a la iniciativa de convocar un Congreso por los centros de Barcelona y Mataró porque fracasaría como según se expresaba había ocurrido en 1882. Recordemos que, al final, el Congreso de 1888 fue fundamental en la Historia del socialismo español, ya que se creó la UGT y fue el primer Congreso del PSOE. En ese mismo año de 1888, Pàmias y otros compañeros visitaron a la Reina Regente, presente en Barcelona con motivo de la inauguración de la Exposición Universal, provocando la reacción enérgica de Madrid. Por fin, en 1889 se consagró la definitiva separación entre ambos socialismos, escenificada fuera de España, en París. Los socialistas catalanes decidieron asistir al Congreso de los posibilistas que se celebró en la Sala Lancry de París y donde predominaban las ideas de Paul Brousse. Esta reunión era paralela a la de que se estaba celebrando en la misma capital y donde se constituyó la Segunda Internacional, y a la que asistieron los socialistas. Los asistentes al Congreso posibilista eran todos miembros de distintas Sociedades Obreras, incluida la Federación de las Tres Clases de Vapor.

La colaboración de los socialistas en El Obrero cesó, ya que dejaron de publicar personajes tan importantes como Josep Comaposada, y se convirtió en un órgano hostil, ya que Pàmias se dedicó a criticar al PSOE con evidente dureza y hasta con tintes un tanto grotescos porque llegó a retar a Pablo Iglesias a un duelo.

Pàmias fundó en 1890 el Partido Socialista Oportunista, después de haber asistido el año anterior al Congreso Posibilista de París. El programa de la nueva formación, de marcado carácter reformista, se basaba en la defensa de reformas sociales, enseñanza obligatoria gratuita y laica, el establecimiento de un régimen republicano, la libertad de cultos y la autonomía administrativa. Podríamos interpretar a este grupo como una versión catalana del revisionismo en el seno del socialismo. Por otro lado, es evidente la influencia de las ideas del citado Paul Brousse, que había residido en su día en Barcelona huyendo de la represión desatada contra la Comuna de París.

En 1891 se llamó a votar por los partidos republicanos en una clara apuesta por la alianza con el republicanismo, algo que no era evidente en el PSOE donde todavía habría que esperar casi veinte años para que se formara la Conjunción republicano-socialista, y después de intensos debates internos, dados los recelos que muchos socialistas españoles tenían hacia los republicanos por cuestiones de clase.

Los miembros del Partido Socialista Oportunista procedían de la Federación de las Tres Clases de Vapor, que también se habían enfrentado a la UGT intentando crear una Convención Socialista Obrera en aquella época. Pero los socialistas oportunistas no terminaron de cuajar, habida cuenta de cierta colaboración con la patronal en las huelgas de esta década final del siglo XIX, generando tensiones rupturistas en las Tres Clases de Vapor, ya que algunos sectores terminarían en la propia UGT. Hacia 1896 se puede dar por muerto el Partido Socialista Oportunista. En todo caso, estas divisiones en el seno del socialismo en Cataluña no fueron muy favorables ni a unos ni a otros. El movimiento obrero catalán derivaba claramente hacia el universo del anarcosindicalismo.