La fundación de la Agrupación Socialista Universitaria, sesenta años después


En 1956 el laborista fabiano británico Anthony Crosland publicaba el ensayo El futuro del socialismo, que abriría la revisión ideológica socialdemócrata, como pocos años después en Bad Godesberg harían los socialdemócratas alemanes y los socialistas italianos abandonando el frentismo antifascista con el PCI tras la invasión soviética y aplastamiento de la revolución húngara.

En España ese mismo año moría el socialista Juan Negrín, que había presidido los gobiernos del Frente Popular entre 1937 y 1939, y los gobiernos republicanos en el exilio hasta 1945. Era el fin de la época del antifascismo, como había anunciado la declaración política del PSOE en su Congreso de agosto de 1955, que había unificado la dirección del partido, con residencia en Toulouse. Pero era también el momento de una nueva generación, la de los hijos de la guerra, como anunciaba la declaración socialista:

“Además de las fuerzas que son adversarias de Franco desde el 19 de julio de 1936 (…) aparecen otras nuevas, que engendradas por el desengaño, surgen en universidades y laboratorios (…) respetamos y respetaremos las creencias religiosas y las ideas políticas, sean cuales sean; sepan que somos tan españoles como quienes lo sean más; sepan, en fin, que nuestro deber nos empuja a colaborar en la reconciliación de España”.

En efecto, el domingo 26 de febrero de 1956 en el madrileño barrio de La Guindalera, tras los sucesos universitarios de Madrid, unos cuantos jóvenes constituían la Asociación Socialista Universitaria (ASU), que enseguida modificó el nombre inicial para llamarse Agrupación. En las protestas habían colaborado jóvenes intelectuales como el filósofo Miguel Sánchez Mazas o Víctor Pradera, redactando un manifiesto que reclamaba la conciliación entre los hijos de los vencedores y de los vencidos para construir una nueva España democrática.

La ASU ese mismo verano estableció contacto con el secretario general del PSOE, el pedagogo y presidente del gobierno republicano en 1947, Rodolfo Llopis. El dirigente socialista, quizá al tanto de los nuevos aires laboristas a través de Luis Araquistáin residente en Londres, les recomendó que constituyeran una sociedad al modo fabiano, que actualizara el proyecto socialista, de cara al esperado retorno a España.

Muchos jóvenes de la ASU decidieron expatriarse, hubieran sido procesados y encarcelados o no, constituyendo una Delegación Exterior, que con ayuda de la dirección del PSOE, publicaron el boletín universitario Unión, portavoz de la Unión Democrática de Estudiantes (UDE). Entre ellos, cabe destacar a Miguel Sánchez Mazas, Francisco Bustelo, Manuel Ortuño, Vicente Girbau, Manuel Fernández Montesinos o Juan Manuel Kindelán.

La nueva plataforma estudiantil UDE sustituía a la Federación Universitaria Escolar (FUE), creada en los tiempos de la segunda república y que, con una nueva hornada de hijos de personalidades republicanas en España y en el exilio como Nicolás Sánchez Albornoz, Enrique Cruz Salido o Carlos Vélez, había promovido protestas en la inmediata posguerra.

La ASU logró una fuerte presencia en la universidad madrileña, extendiéndose a las de Valencia y Salamanca, y estableciendo contacto también con los jóvenes universitarios del Moviment Socialista de Catalunya, así como intelectuales socialistas en el País Vasco, como el psiquiatra Luis Martín Santos, en esos momentos miembro de la dirección socialista clandestina, a través del coordinador Antonio Amat.

Desde un punto de vista ideológico, la ASU osciló entre planteamientos revisionistas socialdemócratas y los de la “nueva izquierda”, que en España también estuvieron representados desde 1958 por el Frente de Liberación Popular (FLP), los “felipes”. Muchos de sus miembros aceptaron una salida monárquica de la dictadura, pero al mismo tiempo no tenían reparo en practicar la unidad de acción con los comunistas aunque sin plantearse ningún tipo de confusionismo o comité de enlace. Algunos de los recién agrupados en la ASU fueron captados por el PCE, actuando de mala fe como submarinos dentro de la organización, lo que provocó un gran malestar entre los jóvenes socialistas.

La procedencia social y familiar de muchos asuístas, hijos de los vencedores franquistas, y la diferente cultura política y los nuevos planteamientos ideológicos, que incluso se radicalizaron tras la revolución cubana, provocaron numerosos conflictos con la dirección del PSOE.

Una parte de los militantes de ASU decidieron, finalmente, afiliarse al PSOE, en el caso de los más veteranos, o reconstituir las Juventudes Socialistas en Madrid a lo largo de 1961. Una parte de los antiguos asuístas, enfrentados con la dirección del PSOE aunque no tanto con el anciano referente del socialismo, Indalecio Prieto, terminaron promoviendo una UGT “escindida” y la Alianza Sindical Obrera (ASO) tras las huelgas de 1962 que, aunque consiguió financiación alemana y de la federación internacional de metalúrgicos, terminó disolviéndose en 1967.

La estela de los asuístas en la universidad madrileña se extendió hasta 1963, con nuevas redadas represivas de militantes y la participación en la creación de la Federación Universitaria Democrática de España (FUDE). Sin embargo, los nuevos sucesos universitarios de 1965, que provocaron la expulsión de Enrique Tierno Galván por aquel entonces recién afiliado al PSOE, otorgaron al “viejo profesor” influencia entre los jóvenes estudiantes y licenciados madrileños pese al recelo de antiguos asuístas del partido, como eran Miguel Boyer o Luis Gómez Llorente, entre otros. Dos docenas de jóvenes de las nuevas promociones de universitarios, seguidores de Tierno Galván, participarían en la creación del disidente Partido Socialista en el Interior en enero de 1968.

Los nuevos socialistas madrileños, procedentes en su mayor parte de las clases medias ilustradas, cometieron el error de intentar forzar la renovación del socialismo español desde fuera del PSOE tanto con ASU como con las nuevas operaciones posteriores. Quizá, también, era demasiado pronto en el tiempo pues a Franco le quedaban todavía quince años de vida al iniciarse los movidos años sesenta.