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EL SOCIALISTA

1944-1970

En marzo de 1939, al desaparecer de España la libertad, también desaparece El Socialista. Los militantes del PSOE ingresan en los campos de concentración o en las cárceles, de las cuales muchos no saldrán. Los que han conseguido cruzar la frontera están desperdigados por tres continentes y tardarán años en reagruparse.

En enero de 1944 reaparece en Madrid una hoja impresa a multicopista y titulada El Socialista órgano del Partido Socialista Obrero Español, es, efectivamente, el portavoz de la primera Comisión Ejecutiva en la clandestinidad. Hasta abril de 1945, con periodicidad casi mensual, es difundido el periódico clandestino, pero en esa primavera la Comisión Ejecutiva dirigida por Juan Gómez Ejido es detenida. Sócrates Gómez, entonces máximo dirigente de las Juventudes Socialistas, encargado de la reedición del periódico, vuelve a la cárcel. Antonio Donoso, que manejaba la multicopista, muere en el asalto de su casa por la policía, durante más de un año esas pocas cuartillas han simbolizado la reorganización del Partido a pesar de la terrible represión.

La antorcha de la dirección es transmitida a Eduardo Villegas y la segunda Comisión Ejecutiva en la clandestinidad decide la reedición de El Socialista, esta vez en una imprenta clandestina bajo la responsabilidad de Emilio Salgado, también dirigente de las Juventudes Socialistas, con la colaboración de Tomás Mora Iñigo, José López y López, Emilio Agüero, Máximo Rodríguez y Sebastián Marban. El primer número de diciembre de 1945 dará cuenta de los acuerdos del I Pleno Nacional celebrado en España desde marzo de 1939. Unos 3.000 ejemplares son regularmente distribuidos en Madrid o enviados a las 27 Federaciones Provinciales. La publicación cesará poco después del II Pleno Nacional de abril del 46, otra vez a consecuencia de la detención de la dirección. El 1º de mayo, la policía remonta la pista hasta la imprenta y detiene a Marban con el último número editado en mayo. Emilio Salgado, que en este momento asiste al II Congreso en el exilio, escapa a la redada, pero al regresar a España en 1947 es detenido y no saldrá del penal de Burgos hasta 1976. El único ejecutivo que escapa, Luis Fernández, consigue organizar una nueva dirección antes de pasar al exilio. Nuevamente se intenta editar El Socialista, un sólo número será realizado, ya no quedan medios ni fuerzas para mantenerlo ante la oleada de detenciones que periódicamente van diezmando las respectivas direcciones del país. El Socialista editado en el exilio y enviado a la Organización del interior va a asegurar el relevo.

En efecto, en octubre de 1944 se ha editado en Toulouse el primer número de El Socialista órgano del Partido Socialista Obrero Español y portavoz de la Unión General de Trabajadores, como lo afirma el pie de imprenta, lleva el número 5.246, simbolizando así la continuación con el diario socialista de España. A raíz del I Congreso celebrado en el exilio, los días 24 y 25 de septiembre de 1944, se ha reorganizado en Francia el PSOE, por etapas sucesivas llegarán a fundirse en un solo partido todas las Federaciones del exterior. Desde esas fechas hasta diciembre del 71, El Socialista llegará semanalmente a todos los militantes. Otros periódicos con la misma cabecera existen en 1944: El Socialista editado por la Federación de África del Norte, de mayo de 1944 a abril de 1945; El Socialista editado desde el 42 en México por los disidentes de Lamoneda y González Peña, su publicación durará hasta 1952, pero rápidamente el pleito de la crisis de ésta será resuelto por la enérgica decisión de la dirección de España, con ello El Socialista de Toulouse será el verdadero y legítimo órgano del PSOE en el exilio.

Su confección sintetiza las dificultades de la vida de la Organización en el exilio y la tremenda voluntad de los militantes, el periódico durante cerca de veinte años vive únicamente de las aportaciones de sus lectores. Por medio de suscripciones, por la venta directa de una tirada que llegó a lo máximo a 8.000 ejemplares, se obtienen los escasos recursos que permiten a una sacrificado equipo de redacción y administración, que acumula a la vez responsabilidades y escasa retribución, sacar adelante el semanario. Sucesivamente lo dirigen: José Gregory (1944-48), Andrés Saborit (1948-50), Manuel Albar (1950-52), Gabriel Pradal (1952-64), Rodolfo Llopis (1964-70), Ildefonso Torregrosa (1970-72), Arsenio Jimeno (en el último período), en los reducidísimos equipos de redacción conviene resaltar el trabajo de dos hombres: Eusebio Gorrochategui (1948-62) y Antonio García Duarte (1962-70), la administración la asume en 1948, hasta 1970, Carlos Martínez Parera.

En condiciones miserables se edita un periódico cuyo contenido es muchas veces de gran calidad, por la importancia de los temas políticos tratados en períodos de intensa lucha antifranquista y de defensa de la Organización contra todas las dificultades de una expatriación que se alarga; por la cualidad de las «plumas»: Arsenio Jimeno, Luis Araquistáin, Andrés Saborit, Manuel Albar, Indalecio Prieto, Luis de Zulueta...; por la realización tipográfica de sus númerosos conmemorativos. La acogida entre sus militantes es excelente mientras que consigue mantener la presentación inicial el periódico constituye el mejor y único vehículo de información de contraste de opiniones en el Partido, sirve de ligazón entre los militantes que al mismo tiempo es la mejor propaganda cara al exterior; en las secciones se espera su llegada con gran impaciencia y se discute largamente su contenido; los corresponsales aseguran, con puntual regularidad, su distribución y técnica una semana sin periódicos, lo que a veces ocurrió por las presiones del Gobierno francés, o retraso suscita una enorme inquietud como si eso anunciase una nueva dificultad para la vida de la Organización.

No faltan razones para esa inquietud, El Socialista, como toda la prensa del exilio, es el blanco de las intervenciones del gobierno español que multiplica sus quejas al gobierno francés; por fin en 1961, Madrid consigue la prohibición de El Socialista en Francia.

Los socialistas franceses ofrecen entonces una solución, la creación de «Le Socialiste» dirigido simbólicamente por un consejo de Redacción francés, eso será la cobertura legal, en realidad el periódico es propiedad del PSOE, dirigido y confeccionado por él y nunca los socialistas franceses intervendrán si no es para defenderlo frente a la policía francesa. La Ley obliga a imprimir el 40 por 100 del contenido en francés, lo que nunca se cumplirá. Pero todo esto representa un golpe muy duro porque el periódico ha cambiado a la fuerza; además, ya van más de veinte años de expatriación, el Partido está minado por la defunción o el envejecimiento de sus militantes. A pesar de las muertes sucesivas de Araquistáin, de Wenceslao Carrillo, de Indalecio Prieto, de Trifón Gómez, de Gorrochategui, que cubrían con sus plumas o actividades tantas columnas en el periódico, éste consigue mantenerse hasta que llegue la reedición de El Socialista para España en 1970, y la reaparición de El Socialista en el exilio en julio de 1973, editado en Bruselas. Las dificultades económicas crecen rápidamente y una nueva ayuda de los socialistas franceses permitirá la gestión en el exilio sin compromisos: Gastón Deferre, el propietario de la imprenta de «Le Provincial», donde durante más de veinticinco años se editó el periódico, decide cancelar la deuda de «Le Socialiste» al año siguiente.

Cuando culmina la renovación del Partido, los nuevos dirigentes se encuentran con un periódico debilitado que ya no tiene la calidad ni presentación de las primeras ediciones del exilio, pero que existe y esa existencia es importante; en varias épocas de clandestinidad y de exilio el PSOE ha tenido que luchar para mantener su unidad y su representatividad y El Socialista siempre ha constituido una de las mejores manifestaciones, de una y otra para un partido constituido en verdadera diáspora, sin recursos económicos, sin medios propagandísticos el mantener un semanario era una prioridad y se consiguió.

Pero El Socialista consiguió además informar de manera completa a los militantes sobre los principales problemas que se planteaban: basta con leer sus números para encontrar la extensa información de los debates congresuales, los pleitos sobre las posibles soluciones políticas al franquismo, los comentarios sobre esenciales asuntos internacionales. Por todo ello, el periódico de esa época es una fuente indispensable de información no sólo para comprender el exilio socialista, sino también para poder explicar la memoria histórica del pueblo español que permitió después de tan larga separación el reencuentro entre el PSOE y el voto del ciudadano.

El Socialista de este período fue testimonio de una pétrea, voluntaria y sacrificada resistencia contra el peor de los enemigos: EL TIEMPO.

José Martínez Cobo

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