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El Socialista: ni somos neutrales, ni queremos serlo

 

Por Javier Fernández

Hoy escribimos en la red, porque como ciudadanos tenemos el derecho a pensar en los pros y los contras del mundo digital. Porque como militantes tenemos el deber de utilizar todas las tecnologías de comunicación disponibles y porque como socialistas tenemos la obligación de aprovechar todo lo que pueda contribuir a la innovación política y social.

Los medios convencionales de comunicación pelean, contra Internet, una batalla desigual. Si ahora se habla de posverdad (desde la posmodernidad en adelante el prefijo pos tiene más aplicaciones que una navaja suiza) también podríamos hablar de la sociedad posmedia, en la que las grandes cabeceras, incluída la televisión, han perdido el monopolio de configuración de la opinión pública. Cuando Castells acuñó el concepto de autocomunicación ya advirtió que resultaría incomodo, la información volcada por un individuo, de un tuit a un video, puede expandirse a una audiencia global: de uno para todos, como reza el viejo lema de los mosqueteros. Nosotros, que dirigimos nuestro propio medio de comunicación, recurrimos hoy a esta herramienta técnica, a las oportunidades que ofrece. Entre ellos la inmediatez: este mismo artículo podría leerse ahora mismo en las pantallas de todos ventanales interactivos que ofrecen los teléfonos, las tablets y los ordenadores.

Somos conscientes de donde nos adentramos, sabemos que, en la Red, conviven la información de calidad y la bazofia, la verdad y la patraña, el rigor y el amarillismo, y que lo hacen incluso en pie de igualdad.

El Socialista tiene que estar con la verdad, al menos con la pretensión de verdad, de informar hechos ciertos. Pero la información puede ser independiente y descriptiva u orientadora y partidista. Digámoslo con descaro: nosotros seremos partidistas, claramente partidistas, propagandistas del pensamiento y las propuestas del PSOE. Ni somos neutrales ni queremos serlo. Ni siquiera aparentarlo, y por eso no queremos que nuestra información fluya en el éter, sino en un espacio público concreto que la socialdemocracia contribuye a configurar y construir.

La comunicación que impera en las redes sociales es emocional, caliente, dispara el ánimo y enciende la controversia, la afinidad y el odio. Para prender esas mechas bastan chispazos: pocas palabras, afirmaciones contundentes y simplezas.

Nosotros tenemos otra tradición: la de la razón, que es discursiva, templada, apela a la sensatez e incluye subordinadas.

El Partido Socialista siempre ha caminado de la mano con la palabra y la escritura, las dos mantienen su poder. Nuestra dialéctica no puede resumirse en el blanco/negro, arriba/abajo, me gusta/no me gusta, esa opción binaria tan válida para una opción simple como inservible para el discurso político. Pero, reconozcamos que lo tenemos más difícil porque, el desprestigio de lo racional es el territorio más fecundo para quienes denuncian el malestar, vocean la irritación y teatralizan la queja. El lugar donde los nuevos aprendices de brujo hacen discursos tan fáciles de gritar como imposibles de aplicar. El espacio donde los voceros danzan sus conjuros, a uno y otro lado del Atlántico, atrabiliarios, insultantes y, reconozcámoslo seductores.

Los socialistas tenemos la obligación de hacernos cargo del estado de ánimo de la gente (al fin y al cabo la solidaridad y la igualdad, asociadas a nuestra tradición, tienen un poderoso componente emocional) pero, sobre todo, debemos ofrecer una opinión reflexiva, en la que juzguemos menos por lo que sintamos que por lo que pensemos, porque pensar es, al fin y al cabo, lo definitivamente humano.

Sé que no es fácil entender el malestar de la ciudadanía sin caer en la argumentación emocional, y que tampoco es fácil evitarlo sin caer en lo que Hayek denominaba “la fatal arrogancia del exceso de razón”. Que evitar la soberbia, la tentación de monopolizar la verdad y el elitismo son tareas a las que estamos obligados, a las que hemos estado obligados siempre.

Este es El Socialista del siglo XXI. Volcado en la Red, abierto e interactivo, pero hecho de palabras, con su tipografía plomeada de sentimientos e ideales, con la imprenta del respeto a la verdad, escrito por socialistas convencidos del poder de la razón, defensores partidistas, descaradamente partidistas, de la gramática de un mundo mejor. El periódico de hace 131 años adaptado a un tiempo en el que se cree poco en la política, pero se espera mucho de ella.

Javier Fernández

Presidente de la Comisión Gestora del PSOE

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