Artículo: Jose Luis Rodríguez Zapatero
nos merecemos una España mejor
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Queda menos de un mes para que se celebren elecciones generales en nuestro país. Será ésta la novena convocatoria desde el inicio de la democracia. Como en las ocho ocasiones anteriores, numerosas encuestas salpican de especulaciones estadísticas los medios de comunicación. Las hay para todos los gustos. Pero casi todas ellas tienen dos rasgos en común: El primer rasgo es que en todas el PP desciende y el PSOE asciende.
El segundo rasgo es una paradoja muy reveladora. Todas reflejan una amplia mayoría de ciudadanos que quieren un cambio en el gobierno de este país. Esas son sus preferencias. La gente prefiere un nuevo liderazgo en el Gobierno de España. Ahora bien, también una amplia mayoría está convencida de la dificultad de que el cambio se produzca.
Los españoles queremos un cambio que ponga fin a las insatisfacciones acumuladas durante ocho años de gobierno conservador. Ocho años de dejadez y despreocupación por los asuntos que afectan a la vida de todos los españoles. Un cambio que reduzca la precariedad laboral; las altas tasas de criminalidad; que recupere la calidad en los servicios públicos; que facilite el acceso a la vivienda para quienes más lo necesitan, comenzando por los jóvenes; que ayude a las familias. En definitiva, un cambio que se ocupe de España y de los españoles.
El Partido Socialista encarna hoy la esperanza del cambio. Y estoy firmemente convencido de que se debe cambiar, pero pienso, además, que el cambio es posible.
Se debe cambiar porque nuestra democracia no aguanta más el abuso de poder; porque nuestra economía no puede seguir instalada en un modelo de crecimiento improductivo que abandona la industria y lo fía todo a la especulación inmobiliaria y el ladrillo; porque nuestra educación retrocede en calidad y no está ofreciendo igualdad de oportunidades; porque las necesidades sociales no pueden seguir postergadas; porque nuestra política exterior no puede seguir anclada en la sumisión.
Pero además pienso que se puede cambiar, porque la mayoría de nuestra sociedad no aguanta más las formas que está mostrando el gobierno popular. Desprecia a la oposición, descalifica a los estudiantes, crea tensión territorial y crispación entre las Comunidades Autónomas, abusa de su poder en los tribunales, en los medios de comunicación, en los servicios secretos, en los institutos oficiales de estadística... La gente ya no aguanta el desprecio con el que el PP vuelve la mirada a los ciudadanos para seguir contemplándose en el espejo de la autocomplacencia.
Es imprescindible cambiar para que España avance. Y ese avance ha de tener tres expresiones fundamentales. La primera, el regreso de nuestro país a una posición comprometida en Europa y en primera línea de la batalla por la paz y contra el hambre en el mundo. En segundo lugar, la garantía de la unidad de España desde el diálogo y la solidaridad. Y en tercer lugar, la prioridad a las políticas sociales partiendo de una nueva política económica que garantice un crecimiento estable.
Ha quedado de manifiesto que no basta estar sólo en Europa como lo estamos desde 1986, sino que hay que estar con Europa. Trabajaré para restaurar las heridas producidas, por unir Europa y no por fracturarla como ha hecho el Partido Popular. Defenderemos una Constitución para todos los europeos, y desde Europa trabajaremos para que impere la legalidad internacional y para que prevalezcan las decisiones de Naciones Unidas, y no la voluntad unilateral de una sola superpotencia. Es absolutamente necesario recuperar lazos con América Latina y seguir trabajando en la región del Mediterráneo para que se convierta en una región de paz, estabilidad y cooperación.
Soy enemigo de todas las guerras. Las considero un azote y una lacra para la humanidad. Pero sólo hay dos guerras que estoy dispuesto a emprender, y en las que comprometeré moral y políticamente a mi gobierno. Una es la guerra contra la violencia de género. Desde este espacio, reitero, mi compromiso a que la primera ley que llevaré al Parlamento será la Ley Integral contra la Violencia de Género. La otra, es la guerra contra el hambre.
Basta recordar, que con el incremento en gasto militar que se produjo el año pasado, hubiéramos podido sufragar los objetivos de desarrollo de la ONU para el milenio. El hambre es la más mortífera arma de destrucción masiva y acabar con ella sólo cuesta uno de cada 18 dólares que se gastan en armamento en el mundo. Razones como estas son las que espolean mi compromiso de sacar a España del Trío de las Azores e integrarla en el Quinteto contra el Hambre.
Lo último que puede hacer un gobernante es alentar el enfrentamiento, ya sea en su país o en el escenario internacional, y con la foto de Las Azores, el PP lo hizo. Ahora bien, su actuación no fue diferente de la que han prodigado en España al alentar los recelos entre Comunidades, crispando, agudizando tensiones. Quiero gobernar la España autonómica con diálogo y solidaridad para garantizar la unidad.
La solución a las tensiones territoriales que atraviesan a nuestro país no vendrá del uniformismo ni del enfrentamiento. Reforzar la cohesión es la mejor forma de garantizar la unidad de España, una unidad construida sobre la diversidad y fundada en la igualdad. Diversidad significa aceptar que España es plural y que cada región o nacionalidad tiene que sentir a España como propia a su modo y con libertad para desarrollar su personalidad dentro de ella. Solidaridad significa que cada comunidad asume su corresponsabilidad en el pleno desarrollo y en el bienestar de todas. Igualdad significa que todos los españoles tenemos los mismos derechos y obligaciones.
Es preciso dar un nuevo impulso a la construcción del Estado de las Autonomías. Es preciso reforzar la cohesión. Pero este propósito sólo será factible si desde el Gobierno se asume mayor compromiso con las Comunidades Autónomas: instaurando la conferencia anual de presidentes autonómicos con el presidente del Gobierno, habilitando la presencia de las CCAA en las instancias europeas, o reformando el Senado para que definitivamente se convierta en una Cámara Territorial.
El modelo de crecimiento que ha promovido el PP durante los últimos ocho años está dando muestras de agotamiento. Se manifiesta, por ejemplo en un serio descenso de productividad de nuestra economía que ensombrece las perspectivas futuras de crecimiento. Esta pérdida de productividad es fruto del desinterés del Gobierno conservador en la formación de capital humano y en la innovación y el desarrollo tecnológico. En el modelo de crecimiento que ha ido conformándose durante estos ocho años el ladrillo ocupa un papel desmesurado y el sector inmobiliario, que ofrece sobrebeneficios claramente especulativos, drena recursos indispensables para la modernización y el desarrollo industrial.
Por ello nuestra tarea comenzará por la educación. Y aquí tengo que dar la razón a mis críticos, porque es verdad, lo confieso: deseo una educación de lujo. Y además la quiero para todos los niños españoles, no para unos pocos. Ha habido quien ha puesto el grito en el cielo cuando me he comprometido a que los alumnos españoles puedan dominar el inglés a los dieciséis años, a que tengan un ordenador por cada dos alumnos en las aulas. Cuando me he comprometido a duplicar las becas en la Universidad. Lamentablemente, mis críticos no comprenden que la inversión en educación es a la vez una inversión en igualdad de oportunidades y una inversión en un desarrollo más sólido y duradero.
No comprendo su escándalo. Lo que me parece escandaloso es el actual abandono de la escuela pública, la falta de apoyo al profesorado, el recorte de las becas y la desigualdad en el acceso a la educación. Y del mismo modo entiendo que los españoles no nos merecemos el deterioro generalizado de los servicios públicos, como el que se ha producido en la seguridad pública. No nos merecemos tanta precariedad laboral, con 9 de cada 10 nuevos contratos temporales; ni una vivienda con precios que han subido cinco veces más que los salarios y que frustran el derecho de nuestros jóvenes a una vida independiente. Ni nos merecemos el abandono de tantos mayores y discapacitados.
De obtener la confianza de los españoles, impulsaré también un ambicioso plan nacional para los más de dos millones de españoles que no pueden valerse por sí mismos. La meta por la que me gustaría que se juzgara al gobierno del cambio no es otra sino la de que en España haya cero mayores desatendidos; cero muertes de ancianos en soledad; cero discapacitados abandonados a su suerte.
Así pues, trabajaré por una España europea; por una España fiel al espíritu autonómico, por una España profundamente social. Y, además, por una España moderna, culta y tolerante.
Nuestro país debe ser el país de la tolerancia y el respeto radical a las opciones sexuales de cada individuo. Nuestra España es una España laica, una España en la que nadie podrá imponer sus creencias, ni en la escuela, ni en las leyes civiles, ni por supuesto en la investigación científica. Y por ello, reconoceremos el matrimonio entre homosexuales, garantizaremos el carácter voluntario de la religión en la escuela y potenciaremos la investigación con células madre.
En la España del 2004 no debe caber la televisión manipulada; ni los fiscales al servicio del Gobierno; ni los telediarios a medida; ni el Parlamento amordazado; ni esa desvergüenza de la propaganda masiva del partido en el Gobierno, pagada por todos, que hemos visto recientemente; ni los insultos semanales desde la mesa del Consejo de Ministros. Esto también se puede cambiar y lo vamos a cambiar.
En varias ocasiones he declarado que no soporto el machismo ni los ademanes autoritarios. Hay que desterrar esas lacras de nuestro país. Nuestra España ha de ser la de la igualdad radical de sexos. Por ello, en nuestro país no puede tolerarse que haya mujeres víctimas del machismo criminal, y a ese propósito dedicaré mi primera medida legislativa.
Aspiro a encabezar otra mayoría, aspiro a presidir otro Gobierno. Una mayoría y un Gobierno que inyecten capacidad de reforma e innovación, sensibilidad social y disposición al diálogo. Pero este cambio sólo será posible si el PSOE es el partido en el que un mayor número de ciudadanos deposita su confianza. Sólo si una mayoría de españoles y españolas decide con su voto que gobernemos.
Sin duda, nos merecemos una España mejor. Una España de todos los españoles. Una España que incluya, que integre, que respete, que iguale, que tolere, que avance, que deje de perder oportunidades. No puede haber compromiso más elevado para un gobernante, que devolver España a los españoles. Ese es mi propósito y con él, los socialistas, nos presentaremos el próximo 14 de marzo ante la ciudadanía. Ha llegado el momento de tener un Gobierno que comparta los valores de la inmensa mayoría de este país.
Jose Luis Rodriguez Zapatero
Secretario General del PSOE y
Candidato a la Presidencia del Gobierno
