Entrevista: Miguel Ángel Moratinos

Miguel Ángel Moratinos

“La Constitución europea nos aporta más democracia, más eficacia y más solidaridad”

Miguel Angel Moratinos Cuyaubé, el actual ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, nació en Madrid en 1951. Estudió Derecho y Ciencias Políticas y más tarde ingresó en la carrera diplomática. Después de pasar por diferentes secciones y cargos del Ministerio y cuando era embajador en Israel, a finales de 1996, fue nombrado enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Oriente Medio, lo que le ha permitido vivir todos los avances y retrocesos del proceso de paz entre palestinos e israelíes, siendo uno de los impulsores de los acuerdos y un freno para los desacuerdos, demasiados en los últimos años.

El Socialista le plantea las preguntas y el ministro las responde pocas horas después del regreso de un viaje para llevar esperanza y ayuda a los damnificados del tsunami que ha devastado varios países asiáticos: “Todos hemos salido de Banda Aceh con el corazón encogido. Hemos comprobado la pequeñez de la civilización humana. Uno se siente destrozado psíquicamente, ver tanta miseria y lo que la naturaleza puede hacer. Tiene que haber sido terrible, te sientes tan impotente ante tanta destrucción, ante tanta gente que ha perdido a los suyos, que no tiene nada...” Eran las palabras de un hombre acostumbrado a ver el sufrimiento humano, el terrorismo de los grupos radicales palestinos contra los israelitas por un lado y las represalias del ejército de Israel por otro. Sufrimiento que ha visto demasiadas veces en su vida de diplomático comprometido con la paz.


Pregunta: Y ahora tenemos ante nosotros, como españoles, un reto: sacar adelante el referéndum del próximo 20 de febrero ¿Qué significa hoy la Constitución europea, qué aporta de nuevo a la Europa del siglo XXI que tiene un mercado único, libre movilidad de sus habitantes, derechos de ciudadanía...?


Respuesta: El nuevo Tratado constituye la etapa más avanzada en el proceso de integración europea. La Unión, que tradicionalmente estaba asociada en la mente de muchos con el mercado interior o la unión económica y monetaria, proclama con este texto su ambición de ser una comunidad política democrática, basada en valores comunes y en la idea de ciudadanía europea.


P: Con la constitución aprobada ¿los europeos ganamos en derechos, en cohesión, en libertad...?


R: Ganamos muchas cosas que yo resumiría en tres conceptos: más democracia, más eficacia y más solidaridad. El Tratado nos aporta más democracia, al prever toda una serie de mecanismos apropiados para que los ciudadanos y sus asociaciones representativas mantengan un diálogo abierto con las instituciones de la Unión. Por ejemplo, el derecho de iniciativa legislativa popular materializa la democracia participativa, para que la ciudadanía pueda expresar sus opiniones y promover iniciativas en todos los ámbitos de la Unión (con un millón de firmas de ciudadanos de varios Estados miembros).
También nos aporta más eficacia, pues se agiliza el proceso de toma de decisiones. Finalmente, nos aporta más solidaridad al proclamar, entre los objetivos de la Unión, la promoción de la cohesión económica, social y territorial, y la ayuda mutua entre los Estados miembros.


P: Ha habido mucho interés, por parte del Gobierno, de que España fuese el primer país que ratificase la Constitución en referéndum popular, ¿por qué? ¿Era necesario, cuando más del 80% del Parlamento está a favor del sí?


R: Los españoles queremos mandar un claro mensaje de europeísmo y situarnos a la vanguardia de la construcción europea. España ha jugado siempre un papel impulsor, dinámico y comprometido con el doble proceso de ampliación y profundización de la Unión. Llevamos 18 años apostando por una Europa más fuerte, más unida, más solidaria. Estoy convencido de que han sido los años más importantes de nuestra historia reciente. La solidaridad europea ha permitido inaugurar en España una etapa de estabilidad política, económica y social sin precedentes.
En este tiempo, España ha recibido, en concepto de solidaridad del resto de los socios de la UE, unas cantidades que de media suponen el 0,7% de nuestro PNB. De hecho, este año será el 1,1%. Se trata de sumas que sólo se pueden calificar de muy buenas. No existe en la historia un ejemplo igual de transferencia de fondos que, en última instancia, provienen de los bolsillos de los contribuyentes europeos. En estas circunstancias, ser de los primeros en ratificar la Constitución es una forma de mostrar nuestro compromiso con la construcción europea.


P: Con la ratificación de la Constitución ¿estamos al borde de los Estados Unidos de Europa?


R: Es el desenlace de un largo proceso histórico. La última reforma significativa del Tratado de la Unión y de los Tratados de las Comunidades Europeas, acordada en Niza en el 2000, se consideró insuficiente para hacer frente a la ampliación de la Unión a Europa Central y Oriental y al nuevo entorno internacional y económico. Se hizo cada vez más palpable la indiferencia de los ciudadanos respecto a los asuntos europeos.
Para remediarlo, se buscaron medios que acercaran más la Unión y sus instituciones a los hombres y mujeres de Europa. De esta forma, nos dimos cuenta de la necesidad de elaborar para Europa un auténtico Tratado Constitucional. Un marco jurídico que no pretendiera ser meramente programático, sino fuente directa de derechos y obligaciones; que fuera más inteligible para el ciudadano y en cuya elaboración la voz de los ciudadanos pudiera ser escuchada. De ahí la convocatoria de la Convención Europea, encargada de la elaboración del Tratado Constitucional. De ahí el intenso esfuerzo que culminó con la firma del texto, el pasado 29 de octubre en Roma, y que nosotros seremos los primeros en someter a referéndum.


P: En estos momentos en que algunos nacionalismos plantean una nueva forma de asociación con el Estado, se plantea una nueva forma de más integración supranacional. ¿No estamos en un contrasentido?


R: No existe ese contrasentido. El Tratado Constitucional establece una doble legitimidad: la de los Estados y la de los ciudadanos. En este sentido, la Constitución Europea no sólo fortalece la acción ciudadana en el seno de la Unión, sino también a sus Estados miembros. Así pues, la Constitución Europea se dirige a Estados y ciudadanos y no se habla ni de naciones ni de pueblos.


P: La nueva constitución europea consagra una nueva política exterior y de seguridad de la UE. ¿Será cada país capaz de renunciar en este campo para conseguir la integración?


R: El nuevo Tratado espera dotar a la Unión Europea de “voz y voto” en la escena internacional, otorgándole una influencia acorde con su peso económico, que le permita, entre otras cosas, asistir a otras sociedades para que puedan desarrollarse. De esta forma, Europa consolida así su apuesta por la paz, el multilateralismo, la resolución pacífica de los conflictos y la cooperación al desarrollo.
Se reafirma, que el uso de la fuerza sólo podrá contemplarse como último recurso para defender los derechos humanos y la legalidad internacional. La Constitución también compromete a los países de la Unión a movilizarse en caso de que cualquier Estado miembro sufra una catástrofe natural o sea víctima de un ataque terrorista.


P: Con la Constitución europea en activo, ¿seremos más decisivos en Oriente Medio, una zona que usted conoce bien?


R: Sin lugar a dudas, una de las principales aportaciones de la Constitución es la consolidación de la Política Exterior Común con la creación de la figura del Ministro de Asuntos Exteriores de la UE. Esto no sólo nos va a permitir un nivel más nítido de interlocución en todas las regiones del mundo, y lógicamente también en Oriente Próximo, sino que además se incrementa nuestra capacidad de acción y nuestro peso en la resolución de cualquier tipo de conflicto. Más aún si es un conflicto que nos toca tan de cerca como éste.


P:Usted ha sido el ejecutor del cambio en la política exterior española, después del triunfo del PSOE, ese cambio ¿está en la línea de la nueva Constitución?


R: Si partimos de la base de que el Tratado pivota sobre tres grandes pilares que son más solidaridad, más democracia y más transparencia, lógicamente la política exterior y la acción exterior del Gobierno socialista se rigen por estos tres principios esenciales recogidos en el texto constitucional europeo. Nuestra política exterior está en sintonía con la Constitución Europea dado que ésta establece un compromiso claro y rotundo con la cooperación internacional, la ayuda al desarrollo, la colaboración en la reconstrucción tras desastres naturales, en materia de seguridad y el desarrollo sostenible.


P: ¿Qué les diría usted a los que piensan que la Constitución es poco y por eso piensan votar no en el referéndum, aunque se declaran muy europeístas?


P: El proceso de construcción europea, con sus altibajos y sus defectos, nos ha aportado solidaridad, nos ha dotado de una moneda fuerte, que está convirtiéndose en divisa de reserva, nos permite disfrutar de unos tipos de interés bajísimos, nos da acceso al mayor mercado económico del mundo y da una proyección internacional a España como jamás habríamos podido conseguir solos. No debe olvidarse que este es el período más largo de paz, estabilidad y prosperidad de la historia del continente europeo.


P: ¿Qué nos jugamos los españoles el 20 de febrero, y los europeos?


R: Pongamos las cosas en contexto. Olvidemos por unos minutos la Constitución Europea, y el debate que ha generado, y pensemos en lo que ha significado Europa para España en estos últimos 18 años. Y para ello hagamos un pequeño esfuerzo de imaginación: imaginemos que nos despertamos en una España sin Europa. Al buscar dinero en nuestro bolsillo, ya no tendríamos el euro, por lo que tendríamos que cambiar las pesetas si viajásemos al extranjero. Si viajásemos, ya no bastaría con el DNI para circular por gran parte de Europa, ni existiría el espacio Schengen. Necesitaríamos un pasaporte, tal vez visados, y sobre todo mucho tiempo de largas esperas y controles.
Tampoco existiría, por cierto, ni el AVE, ni los magníficos aeropuertos que tenemos. Tampoco nos beneficiaríamos de todas las ventajas del mercado interior, o de aquellas derivadas de la ciudadanía europea. Viviríamos en una Europa menos segura. No habría estrategias en común contra la delincuencia internacional organizada, contra el narcotráfico, el tráfico ilegal de seres humanos o el terrorismo. No podríamos ni soñar con un espacio común de libertad, de seguridad y de justicia. Tampoco nos implicaríamos tanto en la escena internacional buscando la estabilidad mundial y, por ende, nuestra propia estabilidad. El 20 de febrero votaremos por consolidar todos estos increíbles logros.


P: ¿Qué perspectivas hay de que los demás países ratifiquen la Constitución en los plazos previstos?


R: Naturalmente, la necesidad de que cada uno de los 25 Estados miembros ratifiquen el Tratado constitucional requiere un tiempo, ya que cada uno debe seguir su propio proceso interno, que en algunos casos supone reformas constitucionales. Se ha considerado que un plazo de dos años es un período razonable. De todas formas está previsto, en el Tratado constitucional, que el Consejo Europeo, formado por los Primeros Ministros de los Estados de la Unión, examine la situación si, en la fecha señalada, alguno de los Estados miembros no hubiera podido ratificar, para evitar una crisis.


P: ¿Con la Constitución España pierde o gana, si esto, el sentirse parte integrante de un todo, pudiese medirse de esta forma?


R: El Tratado Constitucional constituye un enorme paso cualitativo en el proceso de integración europea. Esta es una empresa apasionante en la que estamos todos embarcados. No podemos fallar y dar la espalda a Europa. Ahí es donde se juega nuestro futuro, el futuro de España.
J. T.

Joaquín Tagar