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Entrevista: Leire Pajín Secretaria de Organización “Los ciudadanos penalizan el comportamiento poco ético”
Pregunta:: Las encuestas son desfavorables al PSOE, los pronósticos del FMI son negativos para España -nos sitúan en la cola de la salida de la crisis-, el paro lastra la economía española… ¿Está usted deprimida? Respuesta: En absoluto. Estoy más comprometida que nunca no sólo para que este país salga cuanto antes de la crisis sino que, mientras salimos, no se quede nadie en la cuneta y salgamos reforzados. P: Hablando de encuestas y de tiempo electoral, ha habido algún miembro destacado en el mundo económico y dirigente de las cajas de ahorro que ha pedido elecciones anticipadas. Sin embargo, nadie les ha pedido a ellos cuenta. R: Muchos de los ciudadanos que escucharon a Quintás hacer esa afirmación seguro que pensaron que bastantes problemas tienen las Cajas de Ahorro que, por cierto, han salido a flote entre otras cosas porque este Gobierno ha hecho lo que debía hacer, que era inyectar dinero en el sistema financiero para que se pudiera prestar a las familias y a las empresas. Pero insisto, bastantes problemas tiene que resolver dentro de casa como para dar lecciones a los demás. Un responsable de una institución que representa a diferentes entidades financieras de nuestro país no debería hacer este tipo de afirmaciones. P: ¿Hemos terminado con los problemas en el sector bancario y de las cajas de ahorro? Parece que todavía hay ofertas de productos bancarios opacos, se están ofreciendo productos que estaban antes de la crisis... R: En su origen, ésta es una crisis financiera que después tiene una serie de repercusiones en la economía real, a lo que se suman algunos problemas y handicaps que tenía la economía española, que conocíamos y que llevábamos cinco años intentando cambiar o reconducir, fundamentalmente, la dependencia casi absoluta de un solo sector económico como el de la construcción. A partir de ahí, las causas vienen de un sistema financiero sin regulación, donde ha habido una contaminación de los capitales. Por tanto, el principal problema es la desconfianza entre las instituciones financieras, que se dejaron de prestar dinero. Dicho de otra manera, que prestaron demasiado sin control y tuvieron que dejar de prestar. Creo que lo peor, en ese sentido, ya ha pasado y que los gobiernos hicieron lo que tenían que hacer, que era evitar que se desplomaran sectores económicos, uno detrás de otro. Una vez que eso se ha hecho, ahora tenemos que ocuparnos de estimular la economía y también las entidades financieras deben ocuparse de activarla. P: …pero se llevan jubilaciones multimillonarias, suben las comisiones más del 8 %, según noticia de hoy mismo que está en los medios. ¿El Estado también tendría que entrar en eso? R: Absolutamente. Es verdad que es muy fácil hacer demagogia con esto; en nuestro país las grandes fortunas tienen una serie de controles y, además, deben de ser regulados dentro de Europa. Controlar o poner más fiscalidad a las grandes fortunas en este país podría suponer que nuestros grandes capitales viajaran a otros países e hiciéramos el sistema todavía más opaco. Hay que tener cuidado con ese debate. Lo que es absolutamente intolerable es que en plena crisis económica, donde hay ciudadanos que están perdiendo el empleo y cuando hay ciudadanos que tienen serios problemas para llegar a fin de mes, haya grandes financieros que ganen cantidades astronómicas y que no pongan ni un solo control ni siquiera a sus propios sueldos. Es evidente que la responsabilidad tiene que ser de todos y mucho más de aquellos que más tienen y que incluso han sido, en gran medida, más responsables de esta crisis. P: Usted lleva un año y tres meses en el cargo de secretaria de Organización, la número tres del Partido, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor de este período? R: El balance es tremendamente positivo, primero porque para una mujer -una militante- que entró en este partido a los 15 años, en las Juventudes Socialistas, poder representar al PSOE en la figura de secretaria de Organización, es un inmenso honor. Y además es un espacio que te permite aprender, especialmente en momentos difíciles. Soy muy consciente de que he llegado al Partido en un momento crucial. El país vive un momento difícil y, precisamente por eso, el Partido se debe esforzar más que nunca para estar cerca de la gente, para acertar en lo que piensa la gente y para ser transmisor del Gobierno, en aquello que la gente opina en positivo y en aquello en lo que es especialmente crítica. Y esa es mi labor; por tanto, no me dejo llevar por los malos momentos. Cuando acepté la propuesta del Secretario General sabía perfectamente lo que hacía y sabía qué significaba ser secretaria de Organización. P: Una de las características más importantes del liderazgo es hacerse cargo del estado de ánimo de la gente y el estado de ánimo de los españoles, en estos momentos, está un poquito bajo. R: El estado de ánimo de los españoles está bajo, entre otras cosas, porque están viviendo uno de los momentos más duros. No podemos olvidar que se produce en la crisis más aguda que ha vivido el mundo en los últimos sesenta años. No podemos olvidar la dimensión de la crisis en la que estamos metidos. La obligación del Gobierno es dar tranquilidad, decir a esos ciudadanos que estamos en un momento difícil, pero que el Ejecutivo trabaja para sacarlos cuanto antes, para estar al lado de la gente que peor lo está pasando y para salir reforzados en un futuro -porque hay futuro- y para asegurarles que saldremos todos juntos. El Partido debe acompañar esa voz e inyectar no sólo tranquilidad, sino optimismo en el futuro. En época de crisis es tan importante acertar con las respuestas como hacer ver a los ciudadanos que estamos a su lado y ocupados en trabajar por ellos. P: ¿No sería mucho más fácil que ese fuese un pacto de todas las fuerzas políticas? ¿Es imposible un acuerdo con el Partido Popular para empujar todo eso en la misma dirección? R: Sin duda, sería lo deseable y, desde luego, el Gobierno está demostrando que tiende la mano una y otra vez al PP en cada uno de los debates que hemos visto en los últimos meses. Además, el PSOE, donde está en la oposición, está tendiendo la mano a los gobiernos regionales y a los ayuntamientos para intentar llegar a acuerdos. El Gobierno también ha puesto encima de la mesa instrumentos que ejecutaban las instituciones, con independencia del color político; ahí están el PlanE o el fondo municipal. Es muy difícil llegar a un acuerdo, aunque sería lo deseable, con un partido en la oposición, cuyo único objetivo es que las cosas vayan mal, para intentar llegar a La Moncloa. Cuando un partido es incapaz de presentar una sola alternativa, en año y medio no hace ni una sola propuesta económica que nos permita salir adelante, y está instalado en el no permanente y en la crítica al Gobierno como método de hacer política, evidentemente, ese acuerdo deseable es casi imposible. Quiero recordar estos días que el señor Rajoy ni siquiera había visto el contenido de los Presupuestos y ya los había juzgado y rechazado... P: Sin embargo, parece que en educación hay alguna posibilidad de acuerdo… R: Bueno, eso demuestra que el Gobierno está anteponiendo, por encima de cualquier interés electoral, los intereses de la mayoría de los ciudadanos. Y es más que evidente que la educación es un pilar fundamental del nuevo orden económico y político por el que queremos apostar. En ese sentido, hay un mensaje fundamental que espero que el Partido Popular sea capaz de recoger: que hay muchos ciudadanos que piensan que no es sensato que cada cuatro años, cuando llega un partido al gobierno, cambie su legislación. Partamos de que la legislación actual, de que el sistema educativo actual, es un sistema óptimo que hemos construido entre todos en estos 30 años y que ha permitido, por ejemplo, que en tan sólo una generación haya cambiado radicalmente el panorama universitario en nuestro país; lo cual es una gran garantía para tener un país más fortalecido, más moderno y más competitivo. A partir de ahí, hay que empezar por una serie de premisas y el guiño que hemos lanzado a los educadores, que son hoy quienes soportan en muchas ocasiones la responsabilidad de resolver todos los problemas de la sociedad sin tener los instrumentos para poder hacerlo, me parece fundamental. Creo que es absolutamente necesario y relativamente sencillo, si hay voluntad política, llegar a un acuerdo para que haya una serie de elementos mínimos en materia de educación que permanezcan en el tiempo y que nos permitan garantizar una estabilidad en materia educativa.
P: La igualdad es una de las banderas del PSOE y ha sido una de las banderas del Gobierno también. Hay más mujeres en política, en el Gobierno, en el Parlamento e incluso en la dirección de los partidos; usted es un ejemplo. En el PP, la segunda es también una mujer. Sin embargo, digamos que esto no ha traído a la política española ni más moderación ni más sosiego... ¿Por qué? R: Para empezar, diré que aunque hemos recorrido un camino inimaginable para la generación de mi madre -y no le voy a decir para la de mi abuela-, queda mucho camino por recorrer. El poder, sus manifestaciones y sus formas, todavía siguen siendo masculinos; y eso se nota, por ejemplo, en cómo se sigue juzgando de diferente forma a una líder política de un líder político. Cómo se sigue acentuando en su forma de vestir y de aparecer, en vez de en su forma de hablar y en lo que dice. Las críticas son muchísimo más furibundas a una dirigente mujer que a un dirigente hombre. Y todavía se siguen gestando las reuniones con unas formas de hacer política masculinas. Ahora bien, es verdad que siempre he pensado que las mujeres tenemos la responsabilidad también de colocar esa forma de entender la política y la agenda de la igualdad. A mi no me sirve sólo que haya más mujeres en política, que es muy importante; me sirve que las mujeres que estén tengan conciencia de la igualdad e introduzcan las agendas y las formas de la igualdad. P: ¿Y a qué esperan ustedes para hacerlo? R: En eso estamos. Hay muchas mujeres en política que han cambiado muchas cosas y todavía queda mucho por hacer. Pero hay formas de hacer política que están cambiando; pero, insisto, el poder y las manifestaciones del poder todavía son masculinos y se nota mucho en el día de hoy. P: ¿Es el momento para una nueva ley del aborto? R: En primer lugar, es una obligación ética. Cuando uno compromete la palabra con sus ciudadanos, debe cumplirla, y esa es la seña de identidad de los socialistas de la que yo me siento orgullosa. En segundo lugar, es también un ejercicio de responsabilidad. Después de 24 años, este país ha cambiado mucho. Y, de nuevo, lo que pone de manifiesto es que quiere -ni más, ni menos- una ley exactamente igual que la que tienen los países vecinos, para impedir aquellas inseguridades jurídicas que hoy tenemos con la ley actual y que producen una gran inseguridad a las mujeres y a los profesionales, que dan ese servicio. Hemos hecho una ley después de haber estado escuchando durante un año -y esto se nos olvida muchas veces- a todo tipo de expertos, a todos los grupos parlamentarios, a otros países europeos con más tradición que nosotros, a gente del mundo de la sanidad y de las organizaciones de mujeres. Y después de haber escuchado a todo el mundo, hemos hecho la mejor ley posible. Para empezar, para evitar que en pleno siglo XXI una mujer de este país tenga que pagar penalmente, incluso con la cárcel, por el derecho a decidir cuándo quiere ser madre. Insistiré en algo, en mi opinión, lo más desconocido de esta ley es lo más importante -aparte de modificar la inseguridad jurídica-, es poner el acento en la prevención. P: ¿Y cómo van a contrarrestar el ruido que hacen los antiabortistas que tienen el apoyo de la iglesia [católica] y de toda la extrema derecha? R: Con sentido común y con argumentos. Las mujeres hemos demostrado durante muchos años -unas antes que nosotras y otras antes que ellas- que sabemos debatir con argumentos, con sensatez y sobre todo con realidades. Quienes hoy pretenden darnos lecciones de ética, son quienes son incapaces de aplicarse la ética en su propio partido. Y hay una cosa que es muy clara: hay quienes utilizan este debate con tal cinismo que han sido capaces, incluso, de vivir situaciones de estas características y defender lo contrario en la calle, porque políticamente ellos entienden que pueden quedar diferente. P: ¿Hay posibilidades de acuerdo en el diálogo social, que parece que ahora está esfumado?, ¿quién trabaja contra el acuerdo? R: Las hay y el Gobierno y el Partido Socialista trabajan sin descanso para que lo haya; porque la experiencia de nuestro país nos dice que el acuerdo no es bueno para el Gobierno, sino que es bueno para el país. Cuando hay políticas que se acuerdan en el marco del diálogo entre sindicatos, Gobierno y empresarios, quienes ganan son los trabajadores y la sociedad. Es más que evidente que la oposición está intentando poner palos en las ruedas continuamente para que ese acuerdo no salga; acuerdo, por supuesto, pero con unos límites. Los límites del Gobierno socialista son: no al abaratamiento del despido y no a que los trabajadores tengan que renunciar a sus derechos, especialmente en momentos de crisis; y sí a proteger todavía mucho más a aquellos desempleados que se han quedado sin empleo. A partir de esas premisas y esos límites, hay margen para negociar. Yo confío y espero de los responsables y los representantes económicos de este país, que siempre han demostrado a lo largo de la historia democrática estar a la altura, que serán capaces de llegar a acuerdos. P: El “caso Gürtel” no parece desgastar al Partido Popular, ¿es que a sus votantes no les interesa o no les importa que sus políticos sean corruptos? R: Soy de las que pienso que los votantes de izquierda son mucho más exigentes con esto y con otras cosas. Y, por cierto, yo me siento orgullosa de que lo sean, así como me siento orgullosa de que mi partido lo sea también. Ahora bien, no estoy muy de acuerdo con que no se les pase factura. Todavía no hemos llegado a unas elecciones. En las elecciones europeas los ciudadanos han votado qué Parlamento Europeo quieren. De hecho, en Portugal, el Partido Socialista perdió las elecciones europeas y ganó las generales. Creo que no se debe extrapolar. Veremos en su momento, cuando lleguen las elecciones autonómicas y veremos si pasa o no factura. Yo estoy absolutamente convencida de que los ciudadanos penalizan un comportamiento poco ético que lo que busca, además, es echar la culpa a los demás del comportamiento propio. Estoy absolutamente convencida de que eso va a ser así. Pero de todas maneras, insisto en una idea, el Partido Socialista no exige transparencia a las instituciones con un objetivo electoral, lo hace por decencia democrática y porque cree en las instituciones y en el rol que deben cumplir las instituciones en su ética y en su necesaria transparencia. P: Usted es valenciana de Alicante, aunque haya nacido en San Sebastián. El PP veta su elección como senadora, ahora quiere investigar las cuentas del PSOE allí en Valencia. ¿No es todo esto un despropósito? R: Absolutamente; pero, además, es un despropósito democrático. Cuando logran que los valencianos y el grupo parlamentario socialista tengan un representante menos -un voto menos en el Senado- no están mermando a Leire Pajín o a la secretaria de Organización del PSOE, están mermando a la democracia. Y tengo la intuición de que es como consecuencia del “caso Gürtel” y de intentar lanzar el mensaje de que no sigamos exigiendo responsabilidades en Valencia; cosa que, por cierto, no van a conseguir. Estas prácticas demuestran, una vez más, que los dirigentes del PP en la Comunidad Valenciana creen que las instituciones son una herramienta a su servicio, en vez de estar ellos al servicio de los demás. Y demuestra desgraciadamente, y lo digo con mucha tristeza, el grado de deterioro de la política que ellos practican en la Comunidad. P: ¿Hay salida a esta situación de paralización de las instituciones valencianas? R: El PSPV lo ha dejado muy claro: la mejor salida y la más democrática sería convocar elecciones y que los ciudadanos decidieran. Pero no solamente eso, tienen que prevalecer los mecanismos democráticos. Hay una serie de reglas del juego, pactadas por todos los grupos parlamentarios, que no se pueden quebrar y las instituciones están para cumplirlas. Se tiene que exigir desde todas las instancias democráticas que se cumpla con las reglas del juego y no se puede aceptar ni permitir que intenten jugar a su antojo con ellas. Joaquín Tagar |
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