Entrevista: Miguel Ángel Moratinos

Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación

“Vamos a potenciar la ciudadanía europea”

Si algo define a este ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación es el conocimiento profundo que tiene de la realidad africana. Como diplomático, estuvo destinado en Marruecos y desde 1987 pasó por la mayoría de subdirecciones y direcciones generales relacionadas con el continente africano: África del Norte, Cooperación con el mundo árabe, Política exterior para África y Oriente Medio y llegamos a 1996, donde es nombrado embajador en Israel. Posteriormente es designado Enviado Especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Oriente Medio, tarea que desarrolla hasta junio de 2003.
Desde abril de 2004, dirige la política exterior de España como ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación. Una tarea que empezó con muchas dificultades porque nuestro país estaba alineado con Estados Unidos en una guerra ilegal y había dejado jirones de su prestigio tratando de hacer aliados para el amigo belicista americano. El momento actual tampoco es fácil, pero Miguel Ángel Moratinos es un hombre acostumbrado a pelear por los intereses de los ciudadanos españoles. Recibe a El Socialista pocos días después de haberse producido el secuestro de tres cooperantes españoles en Mauritania y cuando Aminatu Haidar, activista saharaui, lleva más de 20 días de huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote. Estas fueron sus respuestas a nuestras preguntas.

Pregunta: ¿Quién permitió la entrada de Aminatu Haidar en territorio español sin el pasaporte que le había sido retirado por las autoridades marroquíes antes de devolverla a Canarias?

Respuesta: Las autoridades de frontera aplicando la ley de extranjería que en su artículo 66 (párrafo 3 d) establece que toda compañía (aérea) está obligada a “transportar a los extranjeros a que se refieren los párrafos b y c [los no admitidos por las autoridades del país de destino] hasta el Estado a partir del cual le haya transportado, bien hasta el Estado que haya expedido el documento de viaje con el que ha viajado, o bien a cualquier otro Estado que garantice su admisión y un trato compatible con los derechos humanos”. Además, la Sra. Haidar es titular de un permiso de residencia en España, por lo que tiene derecho a entrar sin visado.

P: Mientras en el aeropuerto de Lanzarote la activista saharaui Aminatu Haidar está en huelga de hambre, Marruecos desarrolla una política de presencia en los medios españoles con declaraciones de varios ministros. ¿Existe un deterioro de las relaciones entre los dos países?

R: Esto no debe influir en las relaciones entre los dos países. Las relaciones entre Marruecos y España son vitales y estratégicas y eso nos permite hablar con firmeza y, abiertamente, pedir explicaciones y tratar de llegar a acuerdos, cosa que en este caso no ha sido posible, hasta ahora.

P: ¿Hay alguna salida previsible a este acontecimiento que se está convirtiendo en un espectáculo mediático con tintes morbosos?

R: La salida más previsible es que la propia Sra. Haidar comprenda que su causa, la causa que ella defiende, se puede proclamar con la misma fuerza y el mismo resultado, parando la huelga de hambre y continuar trabajando con compromiso por la defensa de los derechos del pueblo saharaui y la denuncia de la situación en el Sahara Occidental.
A partir de ahí, el Gobierno sigue haciendo todo tipo de acciones diplomáticas, pero hasta ahora Marruecos se ha mostrado absolutamente contrario a permitir el regreso de la Sra. Haidar a El Aaiun. No obstante el compromiso del Gobierno es total y, desde el primer momento, hemos tratado de ayudar a la Sra. Haidar, hemos ofrecido todas las acciones posibles, legales, administrativas, hemos expresado nuestro apoyo, nuestra comprensión a su causa y le hemos ayudado a que pueda llevar a cabo su batalla política en las mejores condiciones.

P: ¿Ha habido contactos con los representantes de los saharauis y del Frente Polisario?

R: Sí, hemos tenido bastantes contactos y puedo señalar que en los últimos, mantenidos por el Secretario de Estado de Exteriores, son muy constructivos, y también el Frente Polisario ha expresado la voluntad de encontrar una salida a la crisis.

P: España a punto de ejercer la presidencia de turno de la Unión Europea ¿Los europeos estamos condenados a la irrelevancia mundial si no conseguimos fortalecer la Unión Europea?

R: Es evidente que eso es así, pero creo que conseguiremos fortalecer las instituciones de la Unión. No se olvide que somos la primera potencia en cooperación del mundo y uno de los principales actores económicos, por lo tanto partimos de una situación de privilegio que deberemos fortalecer y eso lo va a propiciar de forma eficaz la puesta en marcha del Tratado de Lisboa, que ya está vigente desde el pasado 1 de diciembre.

P: ¿Qué tenemos que hacer para que no se cumpla ese negro pronóstico de algunos de los políticos que más han hecho por Europa, como Jacques Delors?

R: El aumento del papel de la Unión Europea en el mundo tiene sentido, entre otras cosas, porque unidos contamos más que separados a la hora de defender los intereses de 500 millones de ciudadanos. Sin embargo si queremos que nuestra acción sea eficaz deberemos abandonar la idea de que los intereses de la Unión son la yuxtaposición de los intereses de los 27 Estados miembros y que la Unión Europea es solamente una caja de resonancia de las prioridades nacionales. Este planteamiento neutraliza nuestro potencial como europeos desde el principio y nos debilita a todos.
Por otra parte, personas que han sido grandes motores de la unidad europea, como Delors o Felipe González, deberán apoyar a los líderes actuales para fortalecer el papel de la Unión en el mundo y no nos convirtamos en mero acompañamiento de los grandes, el G2 que se ofrece ahora, China y Estados Unidos. Otro desafío que debemos asumir es que la definición de nuestras prioridades políticas precedan a nuestra acción sobre el terreno y no al revés.

P: España tendrá una gran responsabilidad durante su presidencia porque le toca poner en marcha el Tratado de Lisboa.

R: Ya está en marcha desde el día 1 de diciembre y la Presidencia española de la UE, que comienza el 1 de enero de 2010, está llamada a jugar un papel clave. Será necesario avanzar tanto en lo que se refiere a la definición y ejecución de sus líneas de actuación estratégica, como en cuanto a los medios institucionales y financieros y a las capacidades de gestión de crisis con los que cuenta.

P: ¿Será capaz la Unión Europea de defender sin complejos, los intereses de 500 millones de europeos y europeas en un momento en que, todo el mundo empuja? Me refiero a China, India, Brasil…

R: Creo que sí. El concepto de ciudadanía, que lo acuñó Felipe González, la ciudadanía europea, es una realidad que vamos a potenciar en la presidencia de 2010, por parte del Gobierno español: esa ampliación de derechos de los ciudadanos europeos, mayor protección a los ciudadanos, tanto interna como externamente, mayor igualdad de los hombres y las mujeres, va a estar muy presente. Es la mejor manera, reforzando la ciudadanía europea, para que los ciudadanos europeos vuelvan a enamorarse de la Unión, a confiar en sus instituciones y puedan sentir y exigir a los gobiernos de los 27 que la Unión Europea sea ese actor global que todos deseamos.

P: ¿No sería más eficaz y más visible la Unión si fuésemos como uno y no con varias cabezas o voces?

R: Esa es una vieja actitud, un estereotipo, basada en la frase de Kissinger “a qué teléfono llamo si quiero hablar con Europa”. Yo le puedo decir que los Estados Unidos, cuando nos piden dinero y nos piden más tropas, encuentran el teléfono de forma inmediata. Por nuestra parte, como europeos, tenemos que hacer este ejercicio de unidad y de representación única en el exterior. En el Tratado de Lisboa, en este aspecto, se da un paso significativo, al haber un presidente del Consejo y una alta representante para la política exterior y que la presidencia española va a apoyar de forma absoluta y total.
Por tanto, creo que los otros actores saben cómo llamar y a quién cuando quieren y nosotros lo que tenemos que hacer es coger el teléfono y tener respuestas y políticas que ofrecer a los demás. No estar esperando a que otros nos llamen, sino llamar nosotros y tomar la iniciativa. Europa no tiene que ser un actor subsidiario, de segundo nivel. Somos la potencia con la capacidad económica y financiera, tecnológica, política, institucional, diplomática, con un servicio exterior, el más grande del mundo, para no esperar a que otros nos digan lo que hay que hacer. Nosotros defenderemos los derechos de los europeos, que ampliarán sus derechos y sus oportunidades en el mundo.

P: ¿Esto significa que después de los seis meses de presidencia española, Europa será mas Europa y más influyente?

R: Ese es nuestro objetivo y va a ser el trabajo de los próximos meses. Es también nuestro proyecto. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene esa visión clarísima y esa determinación para que, al asumir la Presidencia, se pueda sentir ese impulso europeísta tan necesario en estos momentos.

P: ¿Por qué no han sido recibidos con mucho entusiasmo, más bien con apatía por los ciudadanos, los nuevos responsables políticos de la Unión Europea (el Sr. Von Rompuy y la Sra. Ashton)?

R: Quizá por el sentido autocrítico que tenemos los europeos. Lo importante es que han sido nombrados con el consenso de los 27, que van a representar a 500 millones de habitantes. Cuando hablen con los líderes del mundo, el presidente Obama o el presidente chino tendrán que tener muy en cuenta las opiniones de los representantes europeos, el presidente Von Rompuy o la alta representante Ashton, porque estarán hablando en nombre de 500 millones de ciudadanos europeos, con un PIB de los más altos de la comunidad internacional.
Los ciudadanos europeos empezarán a constatar que sus representantes están a la altura de las expectativas y espero que les apoyemos. Hay que enamorarse de Europa, que puede hacer mucho por los ciudadanos. Somos nosotros quienes debemos creer y tener confianza en Europa.

P: ¿Y los presidentes de los 27 van a dar ese paso atrás que quizá tengan que dar para...?

R: Estoy convencido. No es un paso atrás es un paso de acompañamiento, de apoyo y de empuje. La visibilidad la tendrán los dos actores nuevos, pero hay responsabilidad dentro del tratado que permite a cada presidencia nacional asumir grandes responsabilidades.

P: España, dice el PP, no está en su mejor momento y que el Gobierno tiene una política exterior blanda. ¿Es usted un blando, Sr. Ministro?

R: Mire usted, el concepto de la política de los cañones es muy antiguo y esa política de energía, apoyada por las armas, ya vemos a dónde nos llevó en la década anterior. El PP se contradice mucho y, en realidad, sólo quieren el desgaste del Gobierno, sin preocuparse demasiado de las consecuencias. La diplomacia es la contradicción misma con la dureza y la política del garrote, es la construcción de acuerdos y de consensos. Hay que negociar para tratar de conseguir resultados. Las políticas duras generan dureza y rechazo. Los países y las relaciones se construyen con el diálogo y la negociación.

P: Tres españoles han sido secuestrados por el grupo terrorista Al Qaeda del Magreb Islámico, en Mauritania, cuando se dirigían, en una caravana solidaria, a repartir ayuda. No quiero obviar que esta situación es muy delicada y, ¿nos aboca a tener que hablar con una organización terrorista?

R: Nosotros vamos a tratar, por todos los medios de que nuestros conciudadanos sean liberados lo antes posible.

P: Ya sabe que según la secretaria general del PP, la Sra. De Cospedal, el Gobierno es el culpable.

R: Mire eso no va a tener una respuesta por mi parte, porque no debo darle lo que se merece. Por si misma se descalifica. El Gobierno trabaja, desde el primer momento, para conseguir que los ciudadanos españoles secuestrados en Mauritania estén en casa lo antes posible, sin hacer ni atender a otro tipo de consideración.

P: Estos acontecimientos han tapado otra bronca política que provocó el secuestro del atunero Alakrana y su posterior liberación.

R: Este es el caso más paradójico que hemos observado: cuando hay secuestros en el Índico que duran hasta ocho meses, este se resuelve en tiempo record y las críticas llegan de todas partes. Se trabajó duramente y de forma muy compleja y se consiguió que todos los tripulantes se reuniesen con sus familias; la satisfacción no son los titulares positivos, ni las felicitaciones, sino que se ha resuelto el problema y que los pescadores han vuelto sanos y salvos a sus casas.

P: Miguel Ángel Moratinos, diputado socialista por Córdoba y Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, ¿cómo se encuentra después de estos meses en que se le ha acumulado el trabajo?

R: Me encuentro muy bien y cada crisis es un elemento más de estímulo para el trabajo por los ciudadanos. La opinión pública española tiene que comprender que los ministros no están para salir en la foto, sino para resolver los problemas. Para eso estamos los políticos, para resolver los problemas.
La complejidad de la realidad internacional hoy es elevada, los problemas no los ha planteado el Gobierno, surgen de la presencia de España en lugares donde antes no estábamos, de intereses económicos que tenemos que defender. Estas crisis no las ha creado el Gobierno ni el ministro de Asuntos Exteriores, tratamos de resolverlas. Esa es la gran aventura, no nos escondemos ante los problemas, los afrontamos y, hasta ahora, los hemos ido resolviendo, como el caso del atunero Alakrana.
Ese es el trabajo del ministro, abordar los problemas que surjan con honestidad y con compromiso político. Todos sabemos que la realidad del siglo XXI es una realidad compleja, difícil. Trabajo, mucho, preocupaciones, también, hasta que no se resuelven los problemas, pero insatisfacción ninguna mientras resuelva los problemas.

P: ¿Tiene tiempo para respirar, vivir, estar con su familia, ver a los amigos?

R: Tengo tiempo para llevar a cabo mi compromiso político y tratando de acompañar todo lo que son responsabilidades familiares. Llevamos un período muy intenso de trabajo pero, como yo digo, hay muchos millones de ciudadanos que tienen condiciones sociolaborales mucho más complicadas que la mía. Tengo preocupación como responsable político, pero no tengo cansancio. Procuro hacerlo todo con responsabilidad y, sobre todo, con voluntad de resolver los asuntos.
Por lo demás, cada uno tenemos nuestro corazón, nuestro fuero interno y tratamos de que no se refleje en nuestra acción política.

P: ¿Le quitará algo de trabajo la Sra. Ashton,?

R: Quitar trabajo no se... hemos compartido, más bien, porque ella misma se ha dado cuenta que el mundo es muy extenso y por lo tanto tenemos que dividirnos algunas tareas. Hemos tenido ya una reunión muy satisfactoria. Nuestra línea de actuación es apoyarla para que se consolide en esta nueva etapa de la Unión Europea.

P: África, un continente que usted conoce bien, ¿es una de nuestras pesadillas?

R: No, en absoluto. Es nuestra oportunidad. Hemos dicho en varias ocasiones, el propio presidente del Gobierno lo dijo en la Asamblea General de la ONU, el pasado septiembre, que el siglo XXI será el siglo del continente africano. Eso es así por el dinamismo de su sociedad, por los cambios que se están produciendo, por los retos demográficos, medioambientales, políticos, de seguridad. Todo eso nos exige a un país como nosotros, que somos vecinos y compartimos fronteras, tener más sensibilidad y más interés.
España, aparte del protectorado del Norte y de Guinea Ecuatorial, ha estado ausente del continente africano y ahora, desde que llegamos al Gobierno, tratamos de desarrollar una política nueva para el continente, con dos planes África. No hay mes que no nos visite un dirigente africano y puedo decirle que hay agradecimiento y buena acogida a la nueva política de España.
Durante la presidencia española vamos a poner de relieve esta vocación africana y mostrar que la Unión Europea tiene que pensar más con África; no hablar de África, sino hablar con África. Vamos a desarrollar toda nuestra capacidad política y diplomática para establecer esa nueva relación con el continente africano que será importante para el futuro de nuestro país y de Europa.

Joaquín Tagar