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ENTREVISTA: Jordi Sevilla
Nació en Valencia en el seno de una familia muy humilde, como él mismo confiesa, tiene tres hijos adoptados, es funcionario y está orgulloso de ello como lo está de haber formado parte del último gobierno socialista como jefe de gabinete del ministro de economía, Pedro Solbes. Actualmente es diputado nacional por Castellón y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE como Secretario de Economía y Ocupación. El Socialista ha hablado con él con motivo de la publicación de su libro De nuevo socialismo..
R: Creo que hay que retomar la corriente humanista del socialismo, que es muy antigua y que tiene magníficos representantes; en España, Fernando de los Ríos fue uno de sus adalides, que concibe toda la acción política, todas las propuestas de organización social como destinadas a favorecer la vida de los individuos, que cada individuo pueda llevar adelante el proyecto de vida que desee. Por tanto, el objetivo fundamental de toda la acción política y de toda la acción social tiene que ser el individuo, la libertad del individuo y las condiciones materiales que permitan que esa libertad se pueda realizar. P:Continuando con las comparaciones, ¿socialismo y liberalismo, porque también los del PP se dicen muy liberales? R: Creo que ahí, a veces, hay más confusión que discrepancias serias. Yo soy, como Prieto, de los que me siento socialista a fuer de liberal, pero cuando yo digo eso, lo mismo que cuando lo decía Prieto, estamos pensando en un liberalismo político que no es el liberalismo económico, como el liberalismo económico no es Margaret Thatcher o Aznar. R: Hay que situarlos en planos distintos. Creo que el eje central que diferencia dos posiciones, que podemos seguir llamando izquierda y derecha pero que arrancan claramente de la Revolución Francesa, es el de quienes creemos que los seres humanos tenemos capacidad para organizarnos y subordinar todo a lo que hayamos decidido, colectivamente. Cuando digo todo, hablo de la propia economía, me refiero al propio funcionamiento del mercado. Es verdad que hay quienes piensan que eso no es así, que hay fuerzas incontrolables, que hay mecanismos autónomos que nos acaban imponiendo su lógica a los seres humanos, individual y colectivamente, y que es malo interferir esos procesos. Yo creo que podemos reivindicar que la globalización se puede controlar, políticamente; que los seres humanos no tenemos por qué aceptar como inevitable, y como si fuera una catástrofe natural, los efectos de la globalización o la propia globalización. Creo que se sigue marcando hoy una clara diferencia en cuanto a nuestra capacidad de reconocer y apostar por el ser humano como eje central en torno al cual se tienen que articular todas las políticas. P:Hablemos de la situación económica de nuestro país, en estos momentos. ¿Qué hay de realidad económica y qué hay de propaganda del Gobierno? R: En este momento, hay mucho más de propaganda que de realidad. Si uno mira la situación hoy, la economía española en los últimos dos años, nuestro ritmo de crecimiento ha caído más de dos puntos, que es una caída muy fuerte en dos años; el paro empieza a hacer su aparición en una cuantía importante, en el último año 200.000 parados más; tenemos un problema de inflación grave, muy grave, en la medida en que estamos más del doble por encima de la media de la Unión Europea y eso, cuando no tenemos posibilidades de devaluar la moneda para compensar, produce una pérdida alarmante de competitividad que se acaba traduciendo en cierre de empresas y en más paro. Y, sobre todo, tenemos un crecimiento muy inestable, un crecimiento del que el Gobierno se sigue ufanando porque es superior a la media de la Unión Europea lo que, estadísticamente, es cierto, pero que es muy inestable en la medida en que, en cuanto a su composición interna, está basado, exclusivamente, en la burbuja inmobiliaria. El resto de componentes están en retroceso, cuando no con tasas negativas, y es muy inestable porque, en gran parte, se debe a una política monetaria que no decidimos nosotros, que decide el Banco Central Europeo y que, para nuestras condiciones de inflación, es muy laxa. Dicho de otra forma, si el Banco de España fuera el que tuviese que fijar los tipos de interés, con una inflación actual del 4%, los subiría y por lo tanto abortaría ese proceso de crecimiento y, si a esto añadimos que la mitad de nuestra tasa de crecimiento viene de los Fondos que recibimos de la Unión Europea, resulta que nuestra capacidad endógena de generar crecimiento es la mitad de la que, en estos momentos, dan las estadísticas, lo cual es muy preocupante. P: Pero el Gobierno Aznar da lecciones de economía a Francia y a Alemania, ¿no? R:Porque éste es un Gobierno absolutamente presuntuoso, que da lecciones con mucha más fatuidad que convicción. Creo que gracias a que países como Alemania o Francia tienen controladas sus tasas de inflación, el Banco Central Europeo se puede plantear la perspectiva de bajar los tipos de interés en los próximos meses y, gracias a que países como Francia y Alemania, a los que el Gobierno quiere dar lecciones de política económica, contribuyen a nuestro crecimiento, a través de sus contribuciones a los presupuestos comunitarios, estamos creciendo como estamos creciendo. P: En este contexto las previsiones de los presupuestos para el 2003, ¿son realistas o voluntaristas? R: No son realistas. Además, seguimos en un juego que, como mucho, se puede ganar a corto plazo por parte del Gobierno, si consigue que alguien se las crea. Es verdad que es la primera vez en que, de manera muy generalizada, se ha empezado a criticar no sólo las previsiones, sino la política económica del Gobierno. En los últimos años los socialistas hemos hecho críticas muy importantes a la política económica, pero hay que reconocer que hemos estado en solitario en esas posiciones. Hoy, la CEOE critica la política económica del Gobierno, los sindicatos critican la política económica del Gobierno y, cada vez más, los expertos independientes critican la política económica del Gobierno.
P: Los impuestos ha sido otra de las bazas de este Gobierno, ¿bajan de verdad o estamos en otra de propaganda? ¿Qué alternativa ofrece el nuevo socialismo? R: Lo que pagamos como impuestos los españoles, en relación a nuestra riqueza, es hoy superior a lo que pagábamos en 1996, eso quiere decir que ha subido la presión fiscal. El Gobierno ha bajado un impuesto, que es el impuesto sobre la renta (IRPF), y lo ha bajado de manera escandalosa, mucho más a los más ricos que a los más pobres. Ha sido una reforma claramente regresiva. El debate no se puede plantear, a priori, entre bajar impuestos o subirlos, depende de cuál sea el momento y la situación económica y, sobre todo, depende de bajar y subir a quiénes. Yo he planteado que en España, en este momento, es tal la injusticia de nuestro sistema tributario que para conseguir que pague más el que más tiene -que es un principio constitucional, no sólo un principio de la izquierda-, hay que empezar por conseguir que pague igual el que gana igual y hoy, en España, no pagan los mismos impuestos dos personas que ganen igual y que tienen las mismas circunstancias familiares, una trabajando y la otra vendiendo acciones o pisos, paga muchos más impuestos la que trabaja. Unificar la tributación de las ganancias del capital con las del trabajo, es uno de los principales planteamientos que una izquierda moderna tiene que hacer en España. En ese sentido es en el que creo que la forma en que se haga, es a través de un tipo único que aproxime esas dos tributaciones y que lleve la progresividad para las rentas asalariadas en lugar de al tipo a la base y las deducciones en cuota. P: Usted está casado, tiene tres hijos, ¿cómo lleva la vida familiar y la política? R: Intento ordenarme, porque además tengo tres hijos muy pequeños, que son adoptados -los adoptamos hace poco- el mayor tiene 10 años y la pequeña 4 y no estoy dispuesto a perderme su infancia, ni la experiencia de ser padre. Se lleva mal pero yo he descubierto una de las ventajas que tiene mi cargo y es que puedes establecer algunas condiciones, por ejemplo, viajo bastante pero la gente del partido sabe que mis viajes son de ida y vuelta en el día, de tal manera que, aunque vuelva muy tarde por la noche, desayuno al día siguiente con mis hijos y, normalmente, los fines de semana los respeto. P:¿Tiene buenos recuerdos de su paso por la Administración en los Gobiernos socialistas o tiene alguna cuenta pendiente? R: No, yo, además soy funcionario de carrera y me siento muy orgulloso de serlo. Soy de una familia muy, muy humilde y mi padre nos inculcó a los cuatro hermanos que para ganar libertad, en el sentido de no aceptar cualquier cosa, nos animó a ser funcionarios y, de hecho, los cuatro hermanos lo somos, porque en la España de entonces para ser libre o tenías dinero de familia, que no era mi caso, o eras funcionario que, en la medida que eso te garantizaba el puesto de trabajo, te permitía mucha libertad para renunciar ante situaciones que te incomodaran. P:Cuando entró en Nueva Vía ¿pensó que las cosas iban a salir así? R: Yo soy bastante optimista. Claro que ahora resulta muy fácil decir que sí, ¿no? Pero, honestamente, sí que lo pensaba, por una razón: la alternativa de seguir con un proceso de canibalización en el Partido, de estar mirándonos el ombligo, de seguir en guerras internas y de estar de espaldas a los ciudadanos, me parecía que era una alternativa que conducía al suicidio político. Y como yo tengo fe en la racionalidad humana, pensé que se tenía que acabar imponiendo la racionalidad también en el Partido e iniciar un proceso de renovación distinto y un proceso de volver a ocuparnos de los ciudadanos y sus problemas. Joaquín Tagar |
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