EL VOTO DE LAS MUJERES

Este año se conmemora el 70 aniversario del derecho al voto de las mujeres en España. El sufragio universal fue aprobado en el Congreso de los Diputados el 1 de Octubre de 1931

Para llegar a este momento fueron muchas las mujeres que a finales del siglo XIX y principios del XX, defienden y trabajan en sensibilizar a la opinión social y política de la necesidad del sufragio universal y la defensa de los derechos de las mujeres. También fueron diversos los acontecimientos que sucedieron antes de esa fecha:

Las mujeres socialistas comienzan a organizarse y en 1912 crean la Agrupación Femenina Socialista de Madrid, insistiendo en la importancia del movimiento feminista de clase.

El movimiento feminista autónomo de los partidos aparece en el año 1918. A partir de esa fecha, existen tres núcleos que inician el movimiento feminista en Madrid, uno con postulados más conservadores, otro con posicionamientos cercanos al Partido Socialista y por último el que se denominaba como Partido Feminista.

El núcleo más conservador organizado en torno a Consuelo González Ramos, no tuvo apenas implantación.

El otro grupo es el integrado por la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, liderado por María Espinosa de los Monteros. Estaba formado en su mayoría por mujeres de clases medias. Sus objetivos fundamentales están basados en la concepción del movimiento de mujeres como un movimiento político-económico-social, convirtiéndolo en partido político. Apuestan también por el voto para las mujeres, realizando campañas específicas.

El tercer núcleo UME (Unión de Mujeres de España) es un núcleo que se sitúa a la izquierda de la ANME, y está vinculada a mujeres pertenecientes al PSOE. En la dirección inicial destacan mujeres socialistas como María Lejárraga. Al igual que el resto de los grupos admite entre sus filas a mujeres de todas las clases sociales, de todos los grupos políticos y religiosos.

Es a partir de la década de los años veinte cuando el movimiento de mujeres entra más ampliamente en contacto con los movimientos de otros países y especialmente con los movimientos sufragistas británicos y americanos. Y es también en este momento cuando se radicalizan los distanciamientos entre la ANME y la UME. La falta de acuerdos entre ambas organizaciones impiden que España ocupe puestos de representación en los órganos de dirección de la IWSA (Alianza Internacional de Mujeres Sufragistas).

La Dictadura de Primo de Rivera, otorga el voto a las mujeres en las elecciones municipales, aunque con restricciones (solo a viudas y solteras). Al Congreso de la Alianza celebrado en el año 1926, acude en representación de la ANME, Clara Campoamor.

Es importante también destacar en este periodo, la gran labor desarrollada por las mujeres obreras en las fábricas, luchadoras por una reforma de la legislación laboral que entre otros aspectos debía contemplar la prohibición del trabajo nocturno para las mujeres casadas y viudas con hijos y que se extiende a todas las mujeres en 1920. Hasta 1929 no se establece el subsidio por maternidad.

En general, la actuación del gobierno de la dictadura tuvo hacia las mujeres un tono exclusivamente paternalista. A la vez que se les concedía algunos derechos que favorecían una cierta igualdad, se insistía en la necesidad indispensable de las mujeres de coquetería y modestia.

En un Real Decreto de la dictadura del año 1924, se reconoce el derecho al voto de las mujeres solteras y viudas, y se excluye del mismo a las mujeres casadas, porque podrían ejercerlo en contra de las decisiones de los maridos. Además en el reconocimiento del voto de las mujeres solteras y viudas, estaba fundamentado sobre el “voto familiar”. No se les reconocía pues el derecho individual, sino que por el contrario se les consideraba a los efectos como cabezas de familia en los casos en los que no hubiera o faltase el padre. Por lo tanto es un derecho al voto muy restrictivo y con un claro componente ideológico de pensamiento conservador que considera a la mujer casada propiedad del marido.

La defensa pues del voto total sin restricciones para las mujeres continua su sendero durante la República. Lógicamente la instauración del nuevo sistema favorece la defensa de los derechos y en este sentido el de los derechos de las mujeres. Pero como toda consecución de derechos, no es gratuita. Las mujeres tuvieron que trabajar mucho para su aprobación definitiva en el Congreso.

El gobierno provisional de la República, en mayo de 1931 promulgó un decreto electoral por el que se declaraba elegibles a todas las mujeres mayores de veintitrés años.

En estos momentos, hay que nombrar la contribución de María Lejárraga que a través de sus intervenciones en diferentes foros, dejaba claro la situación de marginalidad de las mujeres ante las leyes, puesto que continuaban estando en un segundo plano. Ella señalaba que la patria potestad se la daban al padre, sin que la mujer contara, siendo la soberanía conyugal siempre del hombre, administrador indiscutible del bien común.

La Constitución de la República, aprobada en diciembre del año 1931, establece entre otros principios, que todos los españoles sin distinción de sexo tienen los mismos derechos electorales siempre que sean hombres y mujeres mayores de veintitrés años, y el derecho a ser diputado a todos los ciudadanos mayores de veintitrés años, sin distinción de sexo, aunque esta apreciación fue omitida al considerar que podían ser elegibles para el cargo de presidente, todos los ciudadanos mayores de cuarenta años
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Secretaria de Igualdad del PSOE


BIOGRAFIA DE CLARA CAMPOAMOR RODRIGUEZ

Nació en Madrid en el año 1888. Desempeñó varios trabajos al morir su padre, reanudando sus estudios y finalizando la carrera de Derecho en el año 1924. Aparte de ser abogada fue escritora de profesión.

Entrar en el periódico progresista “La Tribuna”, fue decisivo para su actividad posterior.

Frecuentaba y llenaba su tiempo de ocio en el Ateneo de Madrid, donde comienza a relacionarse con los principios feministas. Durante la dictadura de Primo de Rivera no aceptó el nombramiento que el mismo general le otorgó para ocupar un puesto en la Junta del Ateneo, tampoco aceptó a instancias del Ministro de Trabajo de la época, formar parte de los comités paritarios madrileños.

Ya en el año 1925, comienza a impartir charlas sobre la situación y los derechos de las mujeres.

Entre los años 1928 a 1929 fue delegada del Tribunal de Menores. En 1930 la Academia de Jurisprudencia le concedió la Gran Cruz de Alfonso XII, pero ella la rechazó.

En el año 1929 forma parte del Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista, pasando luego a formar parte de Acción Republicana, antes de convertirse en partido político, para pasar posteriormente a formar parte del Partido Radical.

En el año 1931 es elegida diputada por la provincia de Madrid, en ese momento era oficial del Ministerio de Instrucción Pública así como profesora de taquigrafía y mecanografía. En este mismo año funda la Unión Republicana Femenina para promover el sufragio femenino.

Su actividad como parlamentaria fue notable, fue la mujer que más actuaciones tuvo en el Congreso y también la que más intervino a favor de los derechos de la mujer. No faltó a ningún debate en el que se hiciera referencia a las mujeres, defendiendo siempre los principios de igualdad e integración social.

Presentó en las Cortes, una Ley de Divorcio, uniéndose posteriormente a la mayoría parlamentaria. También intervino en los debates sobre la inscripción y derechos como legítimos de los hijos e hijas habidos fuera del matrimonio.

Pero su labor parlamentaria más importante y fundamental para todas las mujeres, fue el debate del artículo 34 de la Constitución, en el que se definía el sufragio universal. En estos debates hizo una férrea defensa del derecho de las mujeres al voto. A pesar de su importante labor parlamentaria y su valía personal no volvió a ser elegida diputada.

Entre los años 1931 y 1933 desempeña el cargo de Delegada del Gobierno de la República en la Sociedad de Naciones, compaginando con sus intervenciones en el Congreso de los Diputados. Fue nombrada vocal de la comisión parlamentaria encargada de redactar el proyecto de Constitución.

En Diciembre de 1933 es nombrada Directora General de Beneficencia, cargo que ocuparía hasta su dimisión en octubre de 1934.

En Febrero de 1935 se separa del Partido Radical a petición propia. Es nombrada en este año Presidenta de la Organización Pro Infancia Obrera que atendía a los niños asturianos. Unos meses más tarde, abandona la Agrupación de Unión Republicana Femenina, siendo una decisión dolosa para ella. En ese momento el Frente Popular le denegó el acta electoral.

Al estallar la guerra civil, sale de España y se instala en diferentes ciudades europeas y posteriormente en Argentina. Regresa en 1955 a Suiza hasta el final de su vida en 1973.