Miguel Martínez Cascales

L a figura de Pablo Iglesias no sólo debe ser un referente para todos los socialistas de nuestro país y del mundo, sino que debe ser la meta a conseguir por todos nosotros.
Pablo Iglesias fue un compañero apasionado con sus ideas, que las difundió con orgullo y las moldeó y torneó consiguiendo fundar un partido y un sindicato que, a lo largo de la historia de España, han sido capaces de liderar los momentos de mayor importancia y, a la par, más difíciles haciendo un país moderno e inmerso en el Estado de Bienestar que tantas ventajas ha dado a los ciudadanos y ciudadanas de este país.
Pero no debemos olvidar que, ante todo, Pablo Iglesias fue un compañero. El ideal de compañero. Una persona que se preocupa y se entrega a la organización, que lucha con las armas de la palabra, que difunde sus ideales e intenta construir un futuro con posibilidades para todos por igual. No cuesta trabajo imaginarlo, con las limitaciones de la época, luchando contra la injusticia, sólo y acompañado de una organización que quería hacer grande.
Por eso echo de menos que a los socialistas, sobre todo a los que somos más jóvenes, no se nos explique quién fue ese señor que está retratado en todas las Casas del Pueblo y que nos alienta en los momentos más complicados con tan sólo echar una mirada a su foto.