Continuidad y renovación socialista durante el tardofranquismo y la transición. El caso de Aragón


Paulino Barrabés Ferrer / Fundación Pablo Iglesias Paulino Barrabés Ferrer / Fundación Pablo Iglesias

Uno de los ejemplos menos conocidos para la tesis de la continuidad de las organizaciones socialistas durante el franquismo y la transición es el de Aragón. Además del papel jugado por activistas clandestinos como Pascual Marco Mateo, desde los años cincuenta hasta la transición, habría que analizar el papel del exilio. Al final de los años ochenta pude todavía tratar a Pascual Marco, Arsenio Jimeno y, el recientemente fallecido, Paulino Barrabés.

Los socialistas aragoneses estuvieron representados en el exilio, a través de lo que Enrique Sarasa ha definido como generación de 1917. Se podría citar, entre otros, a Manuel Albar, Julián Borderas, Eduardo Castillo y los más jóvenes Arsenio Jimeno y José Ramón Arana. Estos militantes crearon una Comisión de Aragón del PSOE, que pervivió hasta comienzos de los años cincuenta. El caso del escritor Borau fue algo diferente, pues estuvo vinculado al sector de Lamoneda, colaborando con el grupo de la revista cultural y federalista de Las Españas, dirigida por Manuel Andújar y Anselmo Carretero.

Albar fue vicesecretario del partido y director de El Socialista, mientras que el antiguo diputado, el sastre Julián Borderas, desempeñó la secretaría del Grupo Parlamentario y fue miembro de la comisión de ayuda a los mutilados creada con los remanentes del famoso Vita.

El caballerista Arsenio Jimeno participó activamente tanto en la reorganización del partido en Francia como en la renovación de los años setenta. De hecho, fue prácticamente el único dirigente que regresó a Zaragoza en los años de la transición, desempeñando hasta 1980 la presidencia de la Federación Socialista aragonesa, como ha estudiado Alberto Sabio. Sin embargo, Borderas, que vivió hasta 1980, se mostró distanciado del proceso de renovación de las organizaciones socialistas, aunque se opuso al traspaso de los fondos de la comisión de ayuda al PSOE histórico, escindido en 1972.

Otros casos de retorno fueron los de Paulino Barrabés, padre e hijo. El primero había sido alcalde de Monzón en Guerra, mientras que el hijo, nacido en 1928 accidentalmente en Valencia, fue miembro de la Ejecutiva de UGT desde 1965, ocupándose de la gerencia de las organizaciones durante los años de la transición.

En cualquier caso, el PSOE de Aragón fue uno de los ejemplos menos conocidos de relativa continuidad y renovación de la organización regional socialista tras los más activos del País Vasco, Asturias, Andalucía o Madrid (éstos dos últimos sin organización regional exiliada). Próximamente, en la línea de investigación promovida por el CIHDE, la UNED y la Fundación Pablo Iglesias coeditarán el producto de las primeras jornadas de estudio de Historia del socialismo, fruto del convenio entre las dos instituciones, el libro La reconstrucción del PSOE en la transición. Una perspectiva territorial.


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