El hundimiento del Depósito de Aguas de Madrid en 1905 y los socialistas


Pablo Iglesias Posse / EFE / ARCHIVO Pablo Iglesias Posse / EFE / ARCHIVO

El día 8 de abril de 1905 se produjo una impresionante catástrofe en Madrid. Uno de los compartimentos del tercer depósito de aguas se hundió, en la confluencia de las calles Bravo Murillo y Ríos Rosas, provocando la muerte de treinta trabajadores, y heridas a otros cincuenta y cuatro. El hecho conmocionó a la opinión pública, provocando un proceso judicial, un debate sobre la seguridad en el trabajo y sobre el empleo del hormigón. El objetivo de este trabajo es estudiar la reacción de los socialistas ante este desastre.

El número 997 de “El Socialista” se abría con una extensa denuncia de lo que había pasado con el título de “Crimen patronal”. Después de hacer una narración de los hechos acontecidos con el hundimiento de la bóveda de una de las tres naves, y realizar estimaciones sobre los muertos y heridos, ya que aún no habían terminado las labores de rescate, se calificaba el suceso de “horrible matanza”, de “tremendo crimen”. El periódico exigía un escarmiento ejemplar, aunque se lamentaba de la falta de conciencia obrera y, por consiguiente, de fuerza para conseguirlo. Pero, a pesar de eso, para los socialistas la clase obrera podía hacer cosas importantes. En primer lugar, conseguir que las familias de las víctimas tuvieran derecho a las indemnizaciones que marcaba la Ley de accidentes de trabajo. En segundo lugar, exigir responsabilidades a las causantes de la catástrofe, y si no fuera posible, presentar este hecho como una prueba abrumadora de que la justicia estaba instituida para servir a los intereses de la “clase explotadora”. Y, en tercer lugar, haría que perdurase el recuerdo y la memoria del desastre y las víctimas.

El artículo señalaba el alto grado de solidaridad de todos los trabajadores de la construcción en Madrid, ya que acudieron al lugar del suceso para ayudar en las labores de desescombro. Los socialistas denunciaron la mala dirección de esos trabajos. Prueba de ello era que por la tarde se habían interrumpido los trabajos, lo que provocó la protesta del Centro de Sociedades Obreras ante el gobernador civil.

Por último, “El Socialista” informaba que entre los fallecidos estaba Manuel Arboledas, destacado sindicalista en el Madrid de comienzos del siglo XX, miembro de la UGT, llegando a pertenecer como vocal en su Comité Nacional.

En ese mismo número del órgano oficial socialista se daba cuenta de cómo en el mitin que se había organizado para otra protesta, y celebrado hacía unos días, se trató sobre el suceso con varias intervenciones de líderes sindicales, anunciándose la celebración de una manifestación. Pablo Iglesias participó en este acto en el que calificó el hecho de “crimen de la clase patronal”, un ejemplo más, aunque más trágico, de los crímenes diarios que nacían del triunfo del interés personal sobre el social o colectivo. Iglesias explicó que no hubiera ocurrido si hubiese triunfado la conciencia de clase, que habría provocado un plante ante la constatación de las deficiencias, fruto del ánimo de lucro, aunque luego se demostraría que los problemas fueron de otra índole. Apeló a este principio básico del socialismo como forma de combatir lo que estaba ocurriendo, para evitar el miedo al despido y las represalias laborales.

Las Sociedades Obreras pidieron el oportuno permiso para realizar dicha manifestación de duelo por las víctimas, y el gobernador lo concedió, pero una serie de hechos ocurridos el domingo, ocasionados, según el “El Socialista” por “quienes explotaban la ignorancia obrera para adquirir nombradía o para satisfacer mezquinas pasiones”, y empeorados por la represión policial, habían provocado que las autoridades negasen el permiso concedido. Se estaban refiriendo a la concentración de una multitud para protestar en Cuatro Caminos, que acabó con un muerto y catorce heridos.

Ante esto, el Centro de Sociedades Obreras, después de una amplia discusión, decidió no celebrar la manifestación para evitar males mayores ante la amenaza de emplear las fuerzas de la Guardia Civil y del Ejército para impedirla. En todo caso, no se renunciaba a celebrar la manifestación lo más pronto posible.

La forma de tratar y denunciar el accidente del Depósito de Aguas por parte de “El Socialista” provocó la reacción de la prensa madrileña, como ejemplifica “El Imparcial”, que criticó el contenido del principal artículo del órgano socialista al basarse en la lucha de clases en su interpretación de lo que había ocurrido. En el número del 21 de abril, “El Socialista” informó de esta controversia e hizo una defensa clara de la lucha de clases frente a la armonía de las mismas, promovida por el otro periódico. Los socialistas pensaban que juzgando el suceso estaban cumpliendo con su deber.

Por su parte, siguieron las gestiones para realizar la manifestación por parte del Centro Obrero. Se realizó una reunión donde Largo Caballero informó de estas gestiones para que las autoridades permitieran la celebración de la manifestación, como informaba “El Socialista” en el mismo número del 21 de abril. Propuso que la manifestación tuviera lugar el Primero de mayo. También aludió, a instancias de Pablo Iglesias, a las amenazas del conde de San Luis, el gobernador de Madrid. Pero una parte de los socialistas defendía una postura cautelosa ante el temor de que se generase una violencia perjudicial para la causa obrera. En este sentido, Quejido expuso en la reunión que, si las Sociedades Obreras optaban por tomar medidas enérgicas, era muy fácil que el Gobierno se decantase por fuertes represalias, haciendo peligrar la propia existencia de las Sociedades, instrumentos fundamentales para los obreros. Iglesias no opinaba así y veía muchos más perjuicios (una mancha o borrón en el movimiento obrero) para la clase trabajadora si no se tomaban medidas, y no se celebraba una manifestación antes del Primero de mayo. Además, consideraba que el Gobierno era muy débil para cumplir las amenazas que había hecho. En caso de que las cumpliese provocaría tal conmoción que, en realidad, beneficiaría a los sindicatos. Había que protestar por la conducta del gobernador y realizar la manifestación. Al final, la postura de Pablo Iglesias triunfó en la votación.

La directiva del Centro de Sociedades Obreras visitó al ministro de la Gobernación para comunicarle este acuerdo. En la reunión estuvo presente el polémico gobernador civil. Ambas autoridades se mostraron conciliadoras, y el ministro autorizó la manifestación con la única condición de que no coincidiese en el jueves o viernes santos. El Centro Obrero, en una nueva reunión, decidió que la manifestación se celebrase el domingo a las diez de la mañana.

En el número del 1 de mayo de “El Socialista” se insertó un largo artículo en donde se ahondaba en la interpretación marxista del accidente de trabajo, y se relató en una crónica aparte la celebración de la manifestación, en la que participaron entre 35.000 y 40.000 personas, según el periódico, y donde no se produjo ningún incidente, ya que los asistentes fueron conscientes del carácter solemne de esta manifestación. Además de los socialistas (PSOE y UGT), del Centro Obrero y de las principales Sociedades Obreras, la minoría republicana en el Congreso se adhirió a la manifestación. La concentración tuvo lugar en la Plaza del Progreso (actual Plaza de Tirso de Molina) y calle Relatores donde estaba el Centro Obrero, y a las diez de la mañana se puso en marcha con carrozas y coches de punto llenos de coronas. El acto terminó con un breve discurso de Pablo Iglesias, además del desplazamiento de los principales protagonistas del acto y de muchos manifestantes a los cementerios para honrar a los trabajadores enterrados. Las Sociedades Obreras de Madrid (Centro Obrero) pusieron en marcha una suscripción para atender a las familias de las víctimas, como era habitual bajo el principio de solidaridad que siempre caracterizó a los socialistas. Hacia principios de mayo, como informa el número del 5 de ese mes de “El Socialista”, casi llegaba a las quince mil pesetas. También se decidió ejercer la acción popular en el proceso judicial que se iba a abrir.

Sobre el accidente, el proceso y la cuestión del hormigón podemos consultar la página web del Hormigón armado. Por otro lado, Mauricio R. Panadero tiene un interesantísimo artículo en el que trata todos los aspectos de este suceso, titulado “1905: Tragedia laboral en Madrid”, en Madrid Sindical, y que se puede consultar en la red. Es imprescindible la consulta del libro de Pepe Montoliú, Madrid. 1900. Por fin, citamos el trabajo de Antonio Burgos Núñez, “El desastre del tercer depósito, cien años después” en la Revista de Obras Públicas (2005).


José Clemente Vidal en el socialismo de Garrucha

Junio 13, 2017 Más Historia y Vida

José Clemente Vidal fue un comerciante en Garrucha. Socialista, concejal y alcalde de su localidad. Al terminar la guerra sería procesado, condenado y fusilado en un cortísimo espacio de tiempo. ...

Sobre el origen del término “socialismo”

Junio 12, 2017 Más Historia y Vida

Al parecer, el primer autor que empleó el término de “socialismo” fue Ferdinando Fachinei en el siglo XVIII. Fachinei fue un religioso italiano nacido en 1725. Fue un sabio de la época en varias mater...