¿Mazzini, nacionalista y socialista?


Giuseppe Mazzini (Génova, 22 de junio de 1805 – Pisa, 10 de marzo de 1872) / ARCHIVO Giuseppe Mazzini (Génova, 22 de junio de 1805 – Pisa, 10 de marzo de 1872) / ARCHIVO

Calificar a Giuseppe Mazzini (1805-1872) como nacionalista en su versión liberal es casi un lugar común, pero aventurar que fue socialista es algo más controvertido, dada la dificultad de casar dos ideologías tan dispares. En realidad, no puede ser calificado de socialista. Su objetivo fundamental fue siempre defender la causa nacionalista italiana republicana y progresista italiana. Pero, no cabe duda que este pensador y político desarrolló intensas preocupaciones sociales. Intentemos acercarnos a este aspecto menos tratado de este personaje fundamental de la Historia contemporánea italiana y europea.

En Mazzini encontramos influencias del socialismo utópico, especialmente de Saint-Simon y Fourier, pero también una profunda crítica al comunismo y a Proudhon. El político italiano sentía una especial aversión hacia el materialismo, pero era consciente del creciente protagonismo de los obreros en el tiempo que le tocó vivir. En 1841 organizó una sección obrera en la Joven Italia. Defendía la idea de que las revoluciones, en realidad, eran sociales. También creía que los obreros debían organizarse autónomamente sin tutelas o paternalismos foráneos, un elemento fundamental del socialismo, en relación con la emancipación obrera.

Pero conviene también matizar estas últimas ideas que, en principio, parecían muy avanzadas o progresistas. El concepto de obrero que tenía Mazzini era muy particular. Los obreros serían todos los trabajadores manuales, pero del ámbito urbano exclusivamente. Mazzini nunca tuvo mucha afinidad con el mundo rural, por desconocimiento de su realidad y porque nunca quiso que se cuestionase la propiedad rural, algo, por otro lado, fundamental en un país como Italia, con tanto peso de la agricultura.

Mazzini no creía en la lucha de clases, sino en la lucha política del pueblo italiano para la construcción de Italia, de ahí que intentara organizar a los obreros en la Joven Italia para el objetivo que pretendía. La lucha de clases llevaría a la guerra civil. Por otro lado, este encuadramiento en la causa nacional evitaría que los obreros abrazaran la causa socialista. La lucha debía dirigirse, pues, contra los enemigos de Italia: el absolutismo borbónico en el sur, el dominio papal en el centro, y la presencia austriaca en el norte. Eso no era obstáculo para que se construyese una Italia en la que se alcanzase la justicia social, pero siguiendo más los métodos de los utópicos, es decir, a través de la persuasión. Tampoco era nada radical en relación con la propiedad porque, como hemos comentado anteriormente sobre el campo, era aceptada, como el derecho de herencia. Eso sí, era partidario de las cooperativas de producción y consumo.

Cuando Mazzini fue elegido en marzo de 1849 triunviro de la República romana intentó emprender reformas sociales. Anteriormente, en el exilio londinense, en 1841, fundaría una escuela italiana para pobres.

Las realizaciones prácticas de Mazzini se encaminaron a mejorar la vida de las clases populares romanas y del campo, los antiguos súbditos del papa. En primer lugar, se suprimió el impuesto sobre los granos que encarecía el precio del pan. Otros impuestos sobre productos básicos fueron disminuidos. Se posibilitó el acceso a la justica de los más menesterosos al bajar las tasas judiciales que se cobraban. La asamblea revolucionaria se incautó de casas y tierras de la Iglesia. Las propiedades rurales fueron repartidas a favor de los campesinos más pobres en una suerte de reforma agraria. En la ciudad se atacó el problema del paro estableciendo un programa de obras públicas. En las fábricas de armas se empleó a otro sector de los obreros en paro. Los que trabajaban para el nuevo Estado vieron una clara subida salarial. Todas estas medidas procuraron una elevación del nivel de vida de las clases populares.

Pero un régimen democrático y social como el que representaba la República romana no podía durar mucho, tanto por la presión interna de la burguesía, como de la exterior del papa, desposeído de su poder, y de las potencias europeas.

Mazzini fracasó en este empeño de subordinar lo social a la lucha política, y en su misticismo sobre la liberación de los pueblos, pero en el seno del movimiento que creó terminaron por surgir figuras que, siendo disidentes, pueden ser consideradas como pioneras del socialismo en Italia.


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