El socialismo en los Países Bajos hasta la Gran Guerra


Ferdinand Jacobus Domela Nieuwenhuis (31 de diciembre de 1846-18 de noviembre de 1919) / ARCHIVO Ferdinand Jacobus Domela Nieuwenhuis (31 de diciembre de 1846-18 de noviembre de 1919) / ARCHIVO

La participación de los Países Bajos no fue muy destacada en la Primera Internacional y, en cierta medida, parecía que sus delegados estaban al amparo de los belgas, mucho más activos, seguramente por el alto desarrollo de la Revolución industrial en Bélgica, que había impulsado un activo movimiento obrero, aunque más en la parte valona. La figura clave impulsó el socialismo en los Países Bajos fue el pastor luterano de La Haya, Ferdinand Domela Nieuwenhuis (1846-1919), un personaje extremadamente peculiar por su fuerte personalidad. En 1879 fundó en Ámsterdam un periódico, el Recht voor Allen, y se dedicó con la fe de un místico a impulsar la difusión de un socialismo humanitario, pacifista y anticolonialista, abandonando una prometedora carrera religiosa.

En el año 1881 existían cuatro grupos de tendencia socialista en los Países Bajos, en las cuatro principales ciudades: Ámsterdam, La Haya, Rotterdam y Haarlem. En ese momento decidieron unirse en la conocida como Liga Social-Demócrata (SDB), cuyo principal líder sería Nieuwenhuis. La Liga defendía el reconocimiento del sufragio universal y la lucha obrera a través de las huelgas. La fuerza de la Liga era evidente, y lo prueba que comenzó a sufrir la persecución de las autoridades y la inquina de la prensa orangista. El propio Nieuwenhuis fue detenido y encarcelado porque, al parecer, habría atacado a la realeza en un artículo, aunque no está muy claro que él fuera el autor de dicho texto. Pero su suerte y la de la Liga cambiaron con la reforma electoral de 1887, que aumentó considerablemente el censo electoral. Eso permitió que pudiera ser elegido por una circunscripción de Frisia, manteniéndose como parlamentario hasta 1891. Pero nuestro protagonista se desencantó muy pronto del parlamentarismo, ya que consideraba que el grado de corrupción de la política era enorme, por lo que el proletariado debía valerse de sus propias fuerzas. Nieuwenhuis adoptó una fuerte postura antiparlamentaria y la defensa del sindicalismo que, en cierta medida, fue evolucionando hacia el anarquismo, lo que le valió fuertes críticas desde la Segunda Internacional. En su periódico se dedicó a atacar a los socialistas belgas y alemanes por haberse “enfangado” en el parlamentarismo. A pesar de sus enfrentamientos y polémicas, Nieuwenhuis aumentó su popularidad entre los obreros y, sobre todo, entre los trabajadores agrícolas de algunas zonas del país. La clave de su éxito radicó en que conectó con estos sectores de la clase obrera que veían que solamente podían obtener mejoras salariales empleando la violencia y no participando en política. Nieuwenhuis consiguió que el Congreso de la Liga celebrado en Groninga en 1893 aprobara una resolución declarando que en adelante no se participaría en las elecciones, ni tan siguiera como un método para fomentar la agitación. Pero esta drástica resolución generó una intensa oposición de una parte de los socialistas, destacando la figura del marxista Frank Van der Goes. En ese momento comenzaron a perfilarse dos caminos. La Liga, con el apoyo de los sindicatos, agrupados en el NAS o Secretariado Internacional del Trabajo, fue evolucionando hacia el anarcosindicalismo, mientras que una gran parte de los socialistas fundaron el SDAP, es decir, el Partido Obrero Socialdemócrata en el año 1894.

La nueva formación política adoptó el modelo alemán y aprobó un programa parecido al de Erfurt. No eran muchos los militantes del SDAP al principio, y se agrupaban en torno a su principal líder, Piter Jelles Troelstra, defensor de un socialismo ético y gradualista. También destacó Heinrich Van Kol, un ingeniero que conocía bien la cuestión colonial, ya que había estado en las Indias holandesas. Otro de sus principales líderes sería Hubert Vliegen, el representante del Partido en la Segunda Internacional. Por fin, debemos mencionar al diamantista Henri Polak, el introductor en los Países Bajos de las obras del matrimonio Webb, los principales defensores del fabianismo.

La reforma electoral del gobierno liberal del año 1896 permitió que los socialdemócratas obtuvieran tres escaños en las elecciones del año siguiente, y siete en las de 1901, conquistas todavía modestas en relación con sus vecinos alemanes y belgas. Mientras iban progresando los socialistas, los sindicatos de tendencia anarcosindicalista sufrieron un revés en la huelga de 1903, que provocó la desafección de muchos obreros. Esto generó que naciera la Federación Sindical holandesa de tendencia reformista, que comenzó a progresar considerablemente. En todo caso, así el anarcosindicalismo no murió y siempre tuvo grandes líderes y pensadores. Era muy fuerte entre los obreros de Ámsterdam y caló en la sociedad holandesa por su acusado antimilitarismo y por su defensa de las libertades, aunque en las cuestiones organizativas siempre fracasó. Un cierto aire o influencia anarquista se mantuvo en la mentalidad en una parte de la población capitalina a lo largo del siglo XX.

En el campo socialista comenzaron los problemas cuando el reformismo moderado de Troelstra, apoyando medidas a favor de los pequeños propietarios y las subvenciones públicas a las iglesias confesionales, provocó la crítica de las generaciones más jóvenes del Partido. Este sector reprochó al líder sus compromisos con la burguesía progresista. Troelstra respondió desde el diario, Het Volk, argumentando que no se podía practicar una lucha de clases en un país donde las iglesias ejercían una influencia tan profunda en todos los ámbitos. Pero la polémica continuó. En ella participaron personajes de gran talla intelectual en el seno del socialismo holandés, como Henriette Roland-Holst, que había traducido a Morris y tenía muchas influencias de Nieuwenhuis, especialmente en lo referido a su pacifismo y sobre la importancia de la huelga general. También participaron David Wijnkopp, que con el tiempo se haría comunista, Hermann Gorter, poeta social, Pieter Wiendijk, muy enfrentado por la cuestión colonial a Van Kol, y Anton Pannekoek, astrónomo y filósofo, personaje que merece una atención especial por su pensamiento y actividades en Alemania. Estas disputas y antagonismos en relación con la postura del SDAP llegaron a un punto máximo en la época de las mencionadas huelgas de 1903. Gorter acusó al aparato del Partido de haber subestimado el instinto proletario y la energía revolucionaria. A raíz de las elecciones de 1905 el conflicto se enconó, porque Troelstra defendió que había que aprovecharse de las contradicciones en el seno de la burguesía. En el Congreso de 1908 se produjo la escisión que derivó en la creación del Partido Socialdemócrata Independiente, un partido de pocos militantes y mucho más de cuadros.

En 1913, el SDAP consiguió diecinueve escaños, lo que le hizo ganar fuerza en el Parlamento. El Congreso de ese mismo año votó apoyar la legislación social aprobada. El Partido estaba concentrado, en vísperas de la Gran Guerra, en la lucha por el sufragio universal, la jornada laboral de ocho horas y las pensiones de jubilación. Aunque no participó en ningún gobierno con los liberales, sí lo hizo en el ámbito municipal con esta fuerza en Ámsterdam y Zaandam.

Nos hemos basado, fundamentalmente en la clásica y fundamental obra que dirigió de Jacques Droz sobre la Historia General del Socialismo, en el capítulo que él mismo redactó sobre el socialismo en los Países Bajos. Nunca dejaremos de insistir en la necesidad de contar con esta monumental obra para conocer el origen y desarrollo del socialismo.

Recordemos también un trabajo que publicamos hace unos meses sobre Ferdinand Domela Nieuwenhuis en relación con “El Socialista”.


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