Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis, 1970-1988


En el pasado reciente del PSOE hubo cinco grandes crisis, asociadas con el retorno a España de la dirección en 1972, la definición ideológica en 1979, la inserción en Occidente y el obrerismo a mitad de los años ochenta, y la sucesión en el liderazgo en los años noventa del siglo XX.

Hoy en día, la división vivida en la cúspide del equipo dirigente y entre la militancia tiene que ver sobre todo con lo ocurrido a comienzos de los años setenta y a inicios de los noventa, pues, entonces, existía sobre todo una lucha por el poder, un cierto agotamiento del proyecto político y una renovación generacional del equipo dirigente. De todo ello, se da cuenta en el libro de Abdón Mateos, Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis (Madrid, Silex, 2017).

El proceso de la renovación con el que inicia el relato trajo consigo una situación de escisión y división de la oferta socialista que solamente fue superada al final de los años setenta. En realidad, una situación más cercana al momento presente, salvando las distancias, se vivió a partir de 1935, hace ahora nada menos que ochenta años, siendo superada a partir del final de la Guerra, pese a la separación de los seguidores del Doctor Juan Negrín. La división, entonces, se expresó a través del control diverso del partido y del sindicato, siguiendo con una duplicidad de órganos de dirección, separación del grupo parlamentario y, finalmente, escisión minoritaria del grupo Unión Socialista Española durante los años cincuenta. En 1979, en cambio, se dilucidaba si el partido debía dirigirse hacia el centro sociológico o mantener un enfoque clasista abierto a la colaboración de la izquierda.

La revisión del modelo de partido fue una cuestión central de las desavenencias durante los años setenta. En un primer momento, se pedía el predominio de la clandestinidad en el modelo de dirección compartida de las organizaciones socialistas establecido en 1958. A partir de 1970, además, se estableció un reparto territorial de los puestos en la Comisión Ejecutiva en función de la implantación. Esta distribución fue contestada por Madrid, permitiendo un predominio inicial del País Vasco.

Sin embargo, desde el Congreso de Suresnes el acceso de Felipe González al puesto de primer secretario, trajo consigo un equilibrio de vascos y andaluces en el núcleo central. Más adelante, tras la absorción de las nuevas formaciones socialistas y el Congreso del marxismo en 1979, se formó un sólido equipo dirigente con una presencia muy cualificada de andaluces, pero con un núcleo de cuadros intelectuales y profesionales. Sin embargo, enseguida, se creyó necesaria la admisión del pluralismo mediante la formalización de corrientes de opinión. Una Conferencia de Organización celebrada en 1983 discutió la admisión de corrientes, la doble militancia y la admisión colectiva de asociaciones como simpatizantes. Finalmente, la Conferencia legalizó la corriente minoritaria Izquierda Socialista.

El PSOE renovado mantuvo inicialmente un modelo de partido muy centralizado, un partido “bloque” como lo definió José Martínez Cobo, a pesar de la federalización decidida en el Congreso de diciembre de 1976. La federalización era necesaria para integrar a los nuevos grupos que habían pertenecido a la Federación de Partidos Socialistas o al Partido Socialista Popular hasta 1978. Sin embargo, la construcción del Estado de las Autonomías dio, progresivamente, más poder a los partidos regionales, hasta llegar en los años noventa a predominar la representación territorial, un “racimo de uvas más que los gajos de una naranja”. Este modelo de organización dificultaba extraordinariamente la consolidación de corrientes de opinión de carácter ideológico.

La sucesión de Felipe González en el liderazgo, planteada desde 1989, se prolongó a lo largo de una década, pues, pese a la promoción de Joaquín Almunia en 1997, la búsqueda de legitimidad entre los afiliados abrió el primer proceso de primarias, que dio lugar a una efímera diarquía con Josep Borrell, que finalmente se resolvió en el año 2000 con la elección de José Luis Rodríguez Zapatero.


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