María Cambrils Sendra


María Cambrils Sendra / Foto de la Fundación Pablo Iglesias María Cambrils Sendra / Foto de la Fundación Pablo Iglesias

Nació en El Cabanyal (Valencia), en 1877. Hija de un matrimonio obrero, que había tenido que emigrar desde Pego (Alicante) a Valencia, donde María viviría la mayor parte de su vida, hasta que en 1933 regresó a Pego por motivos de salud. A pesar de su condición de autodidacta, llegó a formar parte de la élite intelectual obrera como prolífica articulista y frecuente conferenciante. Se casó muy joven con José Martínez Dols, formando un matrimonio de corta duración por la temprana muerte de éste. Tras enviudar, María residió en un convento valenciano, e incluso pudo haber sido monja durante una temporada. En sus escritos recuerda su "vida conventual" y demuestra con frecuencia su conocimiento de textos religiosos, a pesar de su anticlericalismo radical.

Es tan poco lo que de ella se ha sabido, que se llegó a pensar en algún momento su inexistencia, creyendo que su firma correspondería a un varón que escribiera en defensa del feminismo, aunque no hace mucho tiempo se encontraron pruebas de su personalidad. Desde luego, tampoco se conocen los detalles de su proceso de aprendizaje para adquirir su magnífica formación política, ni de cómo se produjo su acercamiento a la vida pública, aunque éste, según parece, fue debido a la influencia de una vecina valenciana y a la de su segunda pareja. Fue hacia 1915 cuando conoció a éste, José Alarcón Herrero, antiguo líder anarquista murciano y militante ya entonces del Partido Socialista, como lo sería también ella. A pesar de su decidido radicalismo, en el proceso congresual seguido en el seno del socialismo hispano ante la propuesta de la vinculación a la Tercera Internacional de Moscú, se mantuvo firme defensora del marxismo de la Segunda, siguiendo la postura mayoritaria del partido, junto a su venerado Pablo Iglesias, en contra del comunismo leninista. Siempre vinculó socialismo con democracia, e igualdad con libertad.

Entre 1924 y 1933, llegó a ser en la práctica la única mujer columnista habitual de “El Socialista”, sin importarle protagonizar confrontaciones dialécticas con hombres o mujeres de reconocido prestigio público. Tal fue su crítica a la labor de María de Echarri – fundadora y dirigente de los sindicatos católicos de obreras en Madrid, y concejala de su Ayuntamiento por nombramiento del dictador, general Primo de Rivera –, no sólo como miembro de la corporación municipal, sino como propagandista y escritora. Rubricaba de esta forma brillantes artículos sobre enseñanza de la mujer, matrimonio, maternidad, divorcio, antifeminismo oculto y, por supuesto, el voto femenino. Eran artículos que se insertaban junto a los del mismísimo Pablo Iglesias, o los grandes líderes socialistas Julián Besterio, Andrés Saborit, Indalecio Prieto o Largo Caballero. Incluso, participaba en mítines, conferencias o reuniones con otras mujeres correligionarias políticas o sindicales, convirtiéndose en referente de las mujeres socialistas de la época. También colaboró con otras cabeceras de prensa obrera y republicana como “El Pueblo”, en Valencia y Salamanca; “El obrero”, de Elche; “Revista Popular”, de Guadalajara; “El Obrero Balear”; “El Popular”, de Gandía; “El Mundo Obrero”, de Alicante; y “La Voz del Trabajo”, de San Sebastián. Es en sus propias colaboraciones donde se han encontrado indicios ciertamente sorprendentes sobre su vida política.

En 1925 publicó su obra “Feminismo socialista”, un referente sobre los derechos de las mujeres y la acción feminista entre sus correligionarios, libro dedicado a Pablo Iglesias y prologado por Clara Campoamor. En sus páginas y a lo largo de toda su vida, luchó a favor del feminismo de clase, obrero o socialista, en contra del teórico “feminismo catequista”, empleando numerosas referencias a la Biblia y a las cartas de Teresa de Jesús, a la vez que a los escritos de Carlos Marx. Predicó siempre la necesaria vinculación entre feminismo y socialismo, no entendiéndose el uno sin el otro. Reprochó decididamente la falta de iniciativa de la mayoría de sus compañeros varones en facilitar la liberación y formación de sus parejas e hijas, en clara misoginia obrera, así como su despreocupación por defender su igualdad y su derecho al sufragio: “La mujer moderna aspira a coparticipar del derecho, no a imponerse, como sostienen caprichosamente los enemigos del feminismo. No queremos piedad, sino justicia”.

Cuando en 1933 se instalaron en Pego, María se desvinculó de toda actividad política y periodística en razón de su enfermedad, mientras José llevaba el encargo profesional de poner en marcha la Caja de Previsión Social. Allí ejerció éste como concejal, siendo elegido secretario general de la Agrupación Socialista; directivo de la UGT y vocal de la Junta de Administración de la Casa del Pueblo desde 1933 a 1939, en que fue encarcelado, para ser fusilado en marzo de 1940. María murió en Pego (Alicante), a consecuencia de su enfermedad y apenada por el encarcelamiento de José, el 22 de diciembre de 1939.

Fuentes.- Diccionario Biográfico del Socialismo Español, (FPI); María Cambrils, “Feminismo socialista”, Valencia 1925; “María Cambrils. El despertar del feminismo socialista (1877-1919)”, Rosa Solbes, Ana Aguado, Joan Miquel Almela; Rosa Solbes, “El País”, 9 de febrero de 2003; Carla Aliño, “El País”, 1 de mayo 2015.