Isabel Oyarzábal y Guthrie - Smith


Isabel Oyarzábal y Guthrie - Smith. | Foto de la Fundación Pablo Iglesias. Isabel Oyarzábal y Guthrie - Smith. | Foto de la Fundación Pablo Iglesias.

Nació en Málaga, el 12 de junio de 1878, siendo la tercera de los siete hijos de una familia de clase acomodada. Su padre, conservador pero tolerante, era malagueño de ascendencia vasca, dedicado al comercio exterior. La madre, escocesa, veinte años más joven que el padre, influyó muy directamente en el carácter de Isabel. Cursó la enseñanza primaria desde los 7 a los 14 años, como interna en el Convento de la Asunción de su ciudad natal, pero colaborando a su vez en las “escuelas de las niñas pobres”, hijas de las familias que vivían en las barracas de Gibralfaro, a las que las niñas de las clases pudientes ayudaban atendiendo a su enseñanza, así como con víveres y ropa. Un viaje a Inglaterra y Escocia, durante el que dio clases de español en el seno de una familia inglesa, propició un vuelco total a su visión de la vida. Isabel soñaba ya con ser actriz y escritora, encontrando su oportunidad en 1905, durante un homenaje que la actriz María Tubau recibió en Málaga, en el que ésta accedió a realizarle una prueba para entrar en su compañía. Pasó ésta en Madrid, quedándose ya a trabajar en la capital, debutando con la obra escrita por el marido de la Tubau, Ceferino Palencia, “Pepita Tudó”.

En 1908 comenzó la edición de la revista “La Dama y la Vida Ilustrada”, junto con su hermana Anita y Raimunda Avecilla. Por su conocimiento del idioma inglés, fue corresponsal de la agencia londinense de noticias Laffan News Bureau, del “The Standard” y del “Daily Herald”. En julio de 1909 se casó con el abogado, fiscal y pintor, Ceferino Palencia Tubau, con quien tuvo dos hijos: Ceferino y María Isabel. El matrimonio establece lazos de amistad con una serie de intelectuales, como Luis Araquistáin, Ramón Pérez de Ayala, Ortega y Gasset, Bagaría, Manuel Azaña y don Miguel de Unamuno. Comprometida con la formación de la mujer, publica artículos en “Blanco y Negro”, “El Heraldo”, “Nuevo Mundo” y “La Esfera”, uniendo su nombre al apellido del marido, siendo más conocida como “Isabel Palencia”. Inició su actividad feminista, participando en 1918 en la constitución de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), y asistiendo como delegada en junio de 1920 – junto con María Lejárraga – al Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer, celebrado en Ginebra. Este año comenzaría también su colaboración con el diario “El Sol”, siendo responsable hasta 1926 de su sección “Diario de la Mujer”, con su columna titulada “Crónicas Femeninas”, que firmaba como “Beatriz Galindo”.

En 1921, tras la confesión de infidelidad por parte de su marido, Isabel publicó su primer libro, que versó sobre psicología infantil, “El alma del niño”, para continuar en 1923 con una novela sobre la deslealtad marital, de claros tintes autobiográficos, “El sembrador sembró su semilla”. En 1926 escribió y representó – en el teatrillo de la casa de los Baroja – una obra de teatro, dirigida por Rivas Cherif: “Diálogo con el dolor”. Ese mismo año participó activamente en la fundación del feminista Lyceum Club, junto a la que sería su presidenta, María de Maeztu, Victoria Kent (vicepresidenta con Isabel), y Zenobia Camprubí (secretaria), destacando por su defensa del voto femenino. Había desplegado una gran actividad en la divulgación del folklore y la artesanía españoles, pronunciando conferencias pro todo el mundo (París, Londres, Montreal, Nueva York…), trabajos que fueron recogidos en su libro “El traje regional en España” (1926). A finales de los años veinte, tras ser detenido su marido por firmar con manifiesto contra el dictador, Isabel fue invitada a dar una conferencia sobre la educación de las mujeres en la Casa del Pueblo madrileña, con lo que iniciaría su acercamiento al PSOE, e intensificando su actividad social y política. En 1929 presidió la Liga Femenina Española por la Paz y la Libertad, especializándose en Derecho Internacional comparado sobre trabajos de la mujer y el niño.

En 1930 consiguió entrar en la Cárcel Modelo, haciéndose pasar por una de las hijas de Niceto Alcalá Zamora, para entrevistar y fotografiar al comité revolucionario republicano, instantáneas que fueron publicadas en el londinense “Daily Herald”. Con la proclamación de la República se produjo su ingreso definitivo en el Partido Socialista y en la UGT, con su consiguiente plena dedicación a la política, mientras su marido era nombrado sucesivamente gobernador civil en Almería, Guadalajara, Teruel y Zamora. En mayo de 1931 fue designada consejera gubernamental en la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en Ginebra, y elegida vocal del Consejo del Patronato del Instituto de Reeducación Profesional. En septiembre superó las oposiciones al Cuerpo de Inspectores Laborales, formando parte de la delegación gubernamental en la Sociedad de Naciones, adscrita a la defensa de la mujer y del niño, siendo la única mujer perteneciente a la Comisión Permanente de la Esclavitud de dicha Sociedad de Naciones. Dirigió el Consejo Supremo Feminista, en cuyo nombre se adhirió, el 14 de noviembre, al homenaje a Clara Campoamor y a la República por la concesión del voto femenino. Pronuncia conferencias en la Asociación Femenina de Educación Cívica, de María Lejárraga. En mayo de 1932 perteneció al Comité de Expertos para el Trabajo Femenino de la OIT. En 1933 fue designada representante del gobierno español en el Consejo de Administración de la Sociedad de Naciones en Ginebra, siendo autorizada a firmar una convención, lo que constituyó un hecho trascendente en la historia de la Sociedad de Naciones, ya que era la primera vez que una mujer actuaba en aquel foro internacional como ministro plenipotenciario. Ese mismo año formó parte de la directiva del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo (“Mujeres antifascistas”), cuyo programa reivindicaba también una serie de derechos para la mujer.

Fue candidata del PSOE por Jaén y Zamora en las elecciones generales de noviembre de 1933, sin resultar elegida. Tras la revolución de octubre de 1934 y su posterior represión, se integró en el comité de ayuda a las mujeres y niños asturianos, para pertenecer enseguida al Comité Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, y a la organización Pro Infancia Obrera, junto a Victoria Kent, María Lejárraga, Matilde Huici y Dolores Ibárruri, y que presidía Clara Campoamor. El levantamiento militar del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Madrid, formado parte en septiembre de la Comisión de Auxilio Femenino para colaborar con los ministerios de la Guerra e Industria y Comercio, siendo convocada en septiembre como delegada suplente en la Asamblea de la Sociedad de Naciones. El 23 de octubre de 1936, Julio Álvarez del Vayo, ministro de Estado, le informa de su nombramiento como ministro plenipotenciario de segunda clase con destino en la legación de España en Estocolmo, pero antes de tomar posesión debería asistir a la citada reunión de la Sociedad de Naciones en Ginebra, así como al Congreso del Partido laborista en Edimburgo, junto con Luis Jiménez de Asúa, para tratar de convencer a los ingleses de su necesaria rectificación en el Pacto de No Intervención. Inmediatamente después, se embarca con Marcelino Domingo para realizar una gira de propaganda por Estados Unidos y Canadá, confesando en su autobiografía haber hablado en 42 ciudades, en un período de 53 días, recaudando más de 200 mil dólares para la causa republicana. Mientras Ceferino Palencia, su marido, ha tomado posesión de la embajada de España en Riga, de la que había sido nombrado responsable, Isabel hubo de asistir también en 1936, como asesor técnico de la delegación obrera, a la Conferencia Internacional del Trabajo. Tras solucionar la delicada situación diplomática que había provocado el anterior embajador – Alfonso Fiscovich –, declarado franquista que se negaba a abandonar la legación en contra de las decisiones del gobierno republicano, el 4 de enero de 1937 Isabel presentó sus credenciales ante el rey Gustavo V de Suecia, siendo también nombrada en diciembre encargada de negocios en Helsinki (Finlandia), convirtiéndose así en la segunda mujer embajadora en la Historia, tras la rusa Alexandra Kollontay.

Isabel describe con todo detalle en su autobiografía cómo el trabajo diplomático en la Embajada no fue fácil, pues determinadas empresas intentaban forzar al gobierno sueco con intención de que les facilitase contactos con la España rebelde para ofrecerle sus productos de todo tipo. Tras la derrota republicana, Isabel entrega las llaves y el inventario de la legación, habiendo conseguido reunir a toda su familia en Estocolmo, de donde partieron rumbo a Nueva York para establecerse en México, llegando en julio de 1939. Escribió una detallada y sincera autobiografía (“I Must have Liberty”), así como “The Life of Alexandra Kollontay”, “Smouldering Freedom: The story of the Spanish republicains in exile”, que aparecieron en 1940, y la novela “En mi hambre mando yo” (1959). Empleó como título una famosa frase de un jornalero andaluz, a quien un cacique local pretendía comprarle su voto. Vivió de sus colaboraciones periodísticas con diarios mexicanos y traducciones, participando asimismo en las revistas de los exiliados españoles “España Peregrina” y “Romance” y “Las Españas”. Perteneció a la Unión de Intelectuales Españoles en el Exilio y al patronato del Colegio Madrid, e impartió conferencias sobre arte popular español, los derechos de la mujer y Derecho Internacional, en Francia, Inglaterra, Cuba, México, Canadá y Estados Unidos. El presidente Massaryk, de Checoslovaquia, le otorgó la condecoración del “León Blanco”. Falleció en Mexico DF, el 28 de mayo de 1974, a la edad de 95 años, siendo sepultada en el cementerio español de México.

Fuentes.- Diccionario Biográfico de los Socialistas (FPI); María Torres, blog “Búscame en el ciclo de la vida”; Isabel Lizárraga: “Isabel Oyarzábal, autobiografía y memoria”; archivo personal de Eusebio Lucía Olmos.