Pablo Iglesias: presencia y legado

E l Instituto Monsa de Ediciones y la Fundación Pablo Iglesias editan las Obras Completas de Pablo Iglesias al cumplirse ciento cincuenta años de su nacimiento y setenta y cinco de su desaparición. La edición se hace bajo la responsabilidad de Aurelio Martín Nájera que ha desarrollado una importante labor de recopilación y aclaración de los textos de Pablo Iglesias.
La elección de la fecha conmemorativa no debiera convertirse en una suerte de velo que acabase por ocultar la intención que ha animado a quienes hemos participado en la iniciativa: rescatar de la dispersión documental la producción política e intelectual de una personalidad pionera a la vez que señera del socialismo y del movimiento obrero en nuestro país y su consiguiente puesta a disposición tanto de los investigadores como del público más amplio, para intentar provocar una lectura certera y rigurosa de su significación histórica y de su proyección en el presente.
Al editar estas publicaciones se pretende también que las generaciones jóvenes tengan conocimiento del significado histórico de Pablo Iglesias, así como de su extraordinaria talla como hombre político, sindicalista y pensador, pues hoy una "modernidad" entendida interesadamente, se empeña en que los jóvenes no conozcan el pasado de su país, para que no ejerciten la capacidad crítica y la libertad de espíritu.

El objetivo de estas Obras Completas es dar unidad editorial al legado del fundador y principal animador durante varias décadas de su vida de las dos Organizaciones que han marcado poderosa y decisivamente el trayecto histórico de la izquierda en España a lo largo de más de un siglo de existencia. Aunque fuese exclusivamente por esta condición de fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores, la tarea ya hubiese merecido la pena en sí misma desde la perspectiva historiográfica pues afecta de manera importante a un periodo extensivo y relevante -el alumbramiento del siglo XX- que ha tenido como uno de sus rasgos primordiales en España la emergencia del movimiento obrero, las luchas que marcaron su desarrollo y, posteriormente, su paulatina liberación de la condición de cultura marginada para convertirse en proyecto mayoritario capaz de liderar las transformaciones políticas, económicas y sociales del país.
Con todo lo que de valioso tiene esta contribución, me atrevo a sugerir que la recopilación de las aportaciones de los distintos volúmenes, debería tener un mayor alcance para lograr extraer de ellas una lectura más ambiciosa que nos pueda valer en términos de presente. Es decir, mi propuesta es que no nos detengamos en la estricta interpretación histórica -dimensión que insisto tiene una extraordinaria importancia- y rescatemos a Pablo Iglesias de la estrecha condición de "abuelo" del socialismo español para conceder a su obra y, por ello, a su trayectoria un valor más vivo, a la luz de la situación en la que ha desembocado la evolución de la izquierda desde la desaparición de Pablo Iglesias.

No ignoro que ambas dimensiones -el trabajo historiográfico y la reflexión política- son en realidad indisociables y no pueden ser objeto de caprichosa división como si se tratase de esferas ajenas. Más sencillamente, me mueve el deseo de que la tarea del historiador por librar a Pablo Iglesias de los tópicos que en gran medida se han apoderado -para bien y para mal- de su figura a lo largo de los años tenga afortunada correspondencia en una lectura política más amplia que nos permita descubrir el valor de su legado, la capacidad que, en mi opinión, conserva de constituirse en un referente positivo para influir en algunos de los debates actuales, sin pretender una suerte de regreso al pasado, como si Pablo Iglesias debiera permanecer intacto frente al curso de los tiempos, si no que sepamos identificar del balance de su vida y de su pensamiento los elementos que han formado parte del trayecto del socialismo democrático y los que deben seguir constituyéndose en aspectos relevantes que conformen el presente y el futuro del proyecto socialista.
Aunque en modo alguno intento agotar el inventario de todos aquellos rasgos de la trayectoria de Pablo Iglesias, que son merecedores de consideración, no me resisto a la tentación de apuntar, siquiera de manera esquemática, algunos de los que pueden dar cuenta de manera certera de su identidad política, intelectual y hasta vital.
En primer término, es imprescindible aludir a que su biografía, en coherencia con su condición de hombre de izquierdas, estuvo presidida por la permanente y frecuentemente despiadada persecución de la que fue objeto por parte de sus enemigos que, no dudaron en trasladar la confrontación de los términos estrictamente ideológicos a la más elemental "caza del hombre", haciéndole víctima de no pocas insidias y calumnias que contrastaban abiertamente con la probada austeridad que presidió su vida y con la radicalidad con la que siempre percibió el compromiso moral del socialismo con el ejercicio de la acción política.

Es precisamente a partir de esta ejemplar coincidencia entre el universo moral y la praxis política, sobre la que se crea la leyenda de la supuesta intransigencia de Pablo Iglesias expresada por lo general en términos inequívocamente peyorativos, tratando de desvirtuar que, en realidad, encierra un testimonio de coherencia entre "lo que se dice y lo que se hace" que forma parte del acervo socialista en contraposición a la política de componendas y el clientelismo, elementos esenciales del férreo control político que se ejercía en la España de la Restauración por parte de las viejas clases dominantes que se resistían a cualquier atisbo de participación política de las masas, contra la que Iglesias luchó desde los frentes político y sindical.
¿Se encuentra caduco este testimonio de coherencia entre la palabra y la obra que es tan fácilmente reconocible en la trayectoria de Pablo Iglesias? No lo creo; muy al contrario, estoy persuadido de que cobra vigencia en un momento en el que buena parte de los problemas de legitimación a los que se enfrenta en la actualidad la política democrática descansan precisamente en el descrédito al que se ha visto sometida entre amplias franjas de la ciudadanía como resultado de la creciente distancia entre el discurso político y la acción política que afecta a los ciudadanos.

E l socialismo era para Pablo Iglesias tanto una pasión como una dedicación, vividas con intensidad, que nacían de una radical rebeldía frente a las injusticias producto de un modelo de sociedad que él mismo había tenido la oportunidad de sufrir. Desprovisto de adolescencia, sus primeras luchas sindicales son la consecuencia directa de su muy temprano contacto con el mundo laboral, en unas condiciones de dureza y explotación extremas que despertaron en el aún muy joven Iglesias la consciencia de que la organización política y sindical de la clase obrera representaba un requisito imprescindible para afrontar una dura batalla que debería librarse para afirmar, ampliar y defender los derechos de los trabajadores. A partir de esta temprana lucidez, comienza a dibujarse el perfil de un líder enérgico y tenaz, como requerían los tiempos, entregado a una empresa cuyos frutos marcarían el devenir de la historia de España durante las décadas inmediatamente posteriores a su muerte.
Algunos de los contemporáneos de Iglesias nos lo describen como prudente y reflexivo a la vez que consciente de su responsabilidad. He de confesar que estos juicios me interesan en escasa medida pues, como en otros ámbitos, con probabilidad se hallan condicionados por la proximidad o alejamiento de quien los emite con respecto al personaje en cuestión. A nadie se le oculta que, sobre todo en política, los calificativos resultan, por definición, sumamente endebles y lo que hoy se estima como riguroso mañana se convierte en meramente formalista de igual modo que lo que se admira como prueba de muy elevados principios pasa en muy poco tiempo a constituirse en intolerable muestra de inflexibilidad. Prefiero, antes que atender a los exegetas, sumergirme en la evidencia de una extensa trayectoria que se soporta en una basta producción a modo de discursos políticos e intervenciones parlamentarias, además de una muy prolífica correspondencia, dimensiones recogidas con amplitud en la edición de estas Obras Completas.

De la personalidad de Pablo Iglesias, expresado con sencillez, valoro especialmente su voluntad, el tesón que imprimió siempre a su liderazgo en el Partido y en el Sindicato, el coraje que puso de manifiesto para superar las adversidades y la marginalidad política y ensanchar progresivamente el horizonte del socialismo en España. Pertenece por derecho propio a la categoría de los pioneros, definición que utilizo sin ninguna intención retórica. Esto es, figura entre aquellos que, en distintos lugares y momentos, nacieron a la vida pública con la inquebrantable decisión de luchar contra un orden que les resultaba injusto sin que ninguna adversidad les hiciera distraerse de lo que entendían una obligación superior por anteponer los intereses colectivos a los propios, por defender los derechos de los débiles frente a la opresión de los poderosos, por afirmar el ideal socialista en un mundo adverso en el que su sola adscripción equivalía de manera inevitable a la persecución y la cárcel.
Personas, en suma, sin cuyo sacrificio y entrega, no hubiese sido posible que el socialismo se extendiese a lo largo del siglo XX a todos los continentes y marcara su huella y su impronta en el desarrollo histórico de la humanidad.
Es esta voluntad la que concede unidad a la producción política e intelectual de Pablo Iglesias y la perspectiva que mejor nos permite valorar sus aportaciones en un escenario histórico trabado por la intransigencia de una clase social frente a la emergencia de un movimiento que irrumpía con fuerza y que representaba una amenaza real para la perpetuación de los viejos privilegios. Iglesias expresa el advenimiento de un nuevo tiempo y, como ya se ha apuntado, no pudo llegar a constatar por unos pocos años que la aparente marginalidad en la que se movió el socialismo a lo largo de su propia existencia, expresada gráficamente en la soledad de su escaño en el Congreso de los Diputados durante varias legislaturas, desembocaría, cuando se derribaron los muros que impedían la libre expresión de la voluntad popular, en un apoyo masivo que confirmaba al PSOE como el instrumento político que aglutinaba el caudal de izquierdas de la sociedad española.

Tras Pablo Iglesias, iniciados en su magisterio, aparece una generación de socialistas -Prieto, Besteiro, Largo Caballero, De los Ríos- que avanzan en la calidad y profundidad de sus elaboraciones políticas y estratégicas y que merecidamente forman parte del legado del socialismo en España. Sin embargo, su labor difícilmente hubiese encontrado cauce de realización de no contar con "la brecha" abierta por sus antecesores que, bajo el marcado liderazgo de Iglesias, abrieron el camino disponiendo por todo patrimonio de una incontestable pasión por la igualdad y de la firme determinación de no dejarse vencer por las dificultades.
Observados desde esta óptica, que apenas se ha esbozado, cobran sentido juicios a los que ya se ha aludido con austeridad, radicalismo, intransigencia, hasta la acuñada expresión de "pablismo" con la que se ha tendido a desvirtuar el legado del fundador, ignorando quizá de manera intencionada que enjuiciar las decisiones estratégicas de una Organización haciendo abstracción del contexto preciso en las que se sucedieron representa, lisa y llanamente, vaciar de toda verosimilitud al análisis. Por ello, regresando al inicio de estas líneas, acometer la lectura de las aportaciones de Pablo Iglesias requiere de la lucidez para entender que su mejor testimonio, y el más vigente en términos de presente, se deriva de su inquebrantable decisión para vencer lo que se presentaba como insuperable y confiar en el poderoso influjo de la voluntad colectiva para guiar los destinos de la humanidad.

Así, en el escenario en el que discurrió la trayectoria política y vital de Pablo Iglesias, no debe extrañar que su ficha policial de la época destaque precisamente su condición de propagandista socialista, apuntando, con probabilidad de manera no deliberada por el encargado de tal menester, que en esta condición -la de propagandista- residía la mayor cualidad del fichado y la más grave amenaza para el orden establecido que significaba el líder socialista. Porque la propaganda -un concepto, hoy prácticamente abandonado, que la cursilería al uso ha convertido en comunicación política- constituía el único arma del que disponían los marginados por el poder para la difusión de sus ideas y un vehículo que, prácticamente con su sola palabra, le valió a Pablo Iglesias darse a conocer por toda la geografía del país y hacer llegar a la conciencia de las masas que el socialismo encarnaba la alternativa a aquel sistema caduco que pretendía seguir encadenándolas a su propia decadencia. Baste apuntar, a título de ejemplo, la campaña protagonizada por el PSOE contra la leva obligatoria, y groseramente discriminatoria, en la guerra de Cuba, para comprender la eficacia de la propaganda socialista por elementales que nos puedan resultar en la actualidad los procedimientos utilizados.

La propaganda se convertía en el vértice de la estrategia del PSOE para, de un lado, denunciar la ilegitimidad de las clases dominantes para seguir ejerciendo su poder excluyente y, de otro, reclutar al mayor número posible de voluntades para la causa del socialismo. Proselitismo y pedagogía resultaban, por tanto, elementos complementarios e imprescindibles para dirigirse a una población, desprovista de los derechos inherentes a la condición de ciudadanía, cuyo atraso secular se amparaba en la ignorancia y en la incultura a las que interesadamente se la condenaba en beneficio de la perpetuación del poder establecido. La respuesta a esta injusta situación fue la creación de Casas del Pueblo en las ciudades y pueblos de España, verdaderos centros de cultura popular que sustituyeron a las escuelas y universidades, vetadas entonces para la mayoría de los trabajadores.
Observe con atención el lector como estas cualidades se aúnan con singular maestría en el discurso, en la producción propagandística que nos ha legado Pablo Iglesias, cuya extensión da cuenta cabal de la incesante actividad que desplegó a lo largo de su vida política y sindical el primer líder del socialismo español.
Y, a la vez, no reprima la sana osadía de aventurarse a una reflexión ambiciosa sobre la necesaria vigencia, más allá del explicable desfase histórico de muchas de las propuestas, de una actitud, de una pasión y de un compromiso que han logrado que el socialismo haya perdurado en el tiempo y que deben ser la mejor garantía para su proyección hacia el futuro que nos aguarda.

Alfonso Guerra
(Presentación del primer volumen -Propaganda Socialista (1870-1887)- de la colección Obras Completas de Pablo Iglesias)