C oincidiendo con la celebración del sesquicentenario del nacimiento de Pablo Iglesias, así como con el septuagésimo quinto aniversario de su fallecimiento, ven la luz por primera vez las obras completas del fundador de las organizaciones socialistas en España.
Muchas de las vicisitudes por las que ha transcurrido la existencia de nuestro país desde tan lejanas fechas, y ahora, cuando finalmente el pueblo español ha conseguido establecer sólidamente sus instituciones democráticas, parece llegado el momento de dar a conocer públicamente esas páginas de nuestra historia y de nuestro pensamiento que elaboró, a lo largo de su prolongada y fructífera existencia, Pablo Iglesias.
Cuando la obra de una personalidad como la suya se extiende a lo largo de más de cinco décadas y se distribuye a través de docenas de publicaciones de difícil localización o en multitud de cartas y documentos extraordinariamente dispersos, la labor de localización, reunión, ordenación y edición ha constituido, sin lugar a dudas, una tarea difícil, perseverante y abnegada, de carácter netamente altruista y guiada exclusivamente por el interés en la divulgación de unos hechos y unas ideas en gran parte ignorados o conocidos insuficientemente.
Este mérito corresponde a su recopilador, Aurelio Martín Nájera, que desde su responsabilidad al frente de los archivos y la biblioteca de la Fundación Pablo Iglesias, ha dado lugar a una extensa y copiosa serie de publicaciones en torno a la bibliografía y las fuentes del Partido Socialista, de la UGT y de las Juventudes Socialistas y que hoy se ven dignamente completadas con la publicación, tan esperada, de esta exhaustiva compilación. Vaya, pues, para el autor, mi reconocimiento personal y el agradecimiento en nombre del Partido Socialista Obrero Español.

En función del tiempo transcurrido desde que se elaboraron los textos que presentamos, algunos se preguntarán sobre su utilidad y no faltarán quienes cuestionen interesadamente su oportunidad.
Bastaría recordar la innegable ascendencia de Pablo Iglesias sobre organizaciones como la Unión General de Trabajadores, que cuenta con ciento doce años de existencia, o como el Partido Socialista, que pronto alcanzará el siglo y cuarto la suya. Haber contribuido a crear estas organizaciones justificaría, sin más, esta recopilación. Pero razón de mayor peso es el exponer que ambas, las de más dilatada existencia en su género de nuestro país, pueden resultar incomprensibles en buena parte de su organización y de sus postulados actuales si se ignora la labor y el pensamiento de su fundador.
El lector se preguntará por las causas de que, pese al tiempo y los cambios que se han producido desde 1925, las organizaciones socialistas se sigan reclamando directamente herederas de su fundador. Y como explicación de lo expuesto podría aducir, por respeto a la brevedad exigida en una presentación, dos profundas razones.

La primera se refiere a los valores que Pablo Iglesias defendió con la pluma y la palabra, y que prodigó generosamente con su ejemplo. El poeta Antonio Machado, rememorando en su madurez los recuerdos de un niño de trece años que escuchaba en un acto público al dirigente obrero, resume en una sola línea lo que queremos exponer: "La voz de Pablo Iglesias tenía para mí el timbre inconfundible -e indefinible- de la verdad humana". ¿De qué hablaba Iglesias ? ¿Qué hechos denunciaba ? ¿Qué principios y derechos defendía ?

Estoy seguro que, en cuanto el lector se interne en estas páginas y recorra detenidamente las intervenciones parlamentarias que recogen, podrá extraer, como en un alambique, infinidad de referencias a la justicia, a los derechos humanos -fundamentalmente de los trabajadores asalariados- a la libertad, a la solidaridad, a la igualdad entre los hombres y a la paz, así como también a valores referidos a la conducta del individuo como la honestidad, la austeridad, la abnegación, la honradez y la coherencia con los propios ideales, entre otros muchos.

Estos principios, en los que, contemplando la figura de Pablo Iglesias debemos vernos reflejados los socialistas, ¿han caducado?, ¿han sido superados?, ¿han perdido actualidad? Pienso seriamente que no, y de ahí que la figura de nuestro fundador mantenga para nosotros, en aspectos tan trascendentales, toda su vigencia.
Pero es que, además de este riquísimo legado ético, Pablo Iglesias representó en su tiempo uno de los intentos más serios llevados a cabo en España para modernizar nuestro país y encaminarlo, desde postulados democráticos, por la senda del progreso.

E n 1910, al poco de alcanzar su escaño parlamentario, Ortega y Gasset no se recataba en afirmar que tanto Pablo Iglesias como Giner de los Ríos eran "los europeos máximos de España", mientras que las organizaciones socialistas por su parte, para el destacado filósofo, representaban "la única esperanza abierta en la política".
Y, ¿cuáles serían los rasgos más destacados del proceso modernizador emprendido por Pablo Iglesias? A mi parecer, con el riesgo de dejar siempre algo en el tintero, señalaría, en primer lugar, su empeño constante por superar las deficiencias y carencias del sistema canovista de la Restauración, reclamando que se aplicaran en España las soluciones ya ensayadas por las democracias más avanzadas de la época. Así, Pablo Iglesias se manifestó siempre fiel defensor de la supremacía del poder civil, de la transparencia de los procesos electorales y la pureza del sufragio frente a la manipulación y el caciquismo, y de los derechos y libertades recogidos en la Constitución de 1876 que sistemáticamente se vulneraban desde las instancias del poder.
Apoyó sin fisuras la secularización de las instituciones públicas, en contra de las intromisiones constantes y de los privilegios de la Iglesia, sin caer por ello en actitudes anticlericales. Fue pacifista declarado y contrario al militarismo en ocasiones que, como las guerras de Cuba, Filipinas y Marruecos, la voz del socialismo, prácticamente aislada, fue objeto de todo tipo de ataques e improperios desde el resto de las fuerzas políticas, entregadas al más grosero pseudopatriotismo imperialista.

Rechazó cualquier tipo de dogmatismo o fanatismo viniera de donde viniera y defendió a ultranza la autonomía democrática del socialismo español, repudiando sin titubeos el servilismo despersonalizador que exigían las 21 condiciones de Moscú para el ingreso en la IIIª Internacional.
Finalmente, fue, como era norma en todos los partidos integrantes de la Internacional Socialista, un claro defensor de la igualdad de la mujer, cuando aún era un principio de general aceptación su dependencia y supeditación al varón.
Su labor, más que la de un teórico, fue la de un pedagogo, un dirigente obrero autodidacta que supo conjugar la defensa de un proyecto que se adelantaba a su tiempo con la resolución de los problemas reales que acuciaban a los trabajadores, que eran los actores políticos llamados a desarrollarlo.
Esta tarea, como expresivamente resumía en su intervención parlamentaria del 3 de junio de 1913 -recogida en esta obra- consistía en formar y preparar a los trabajadores en el ejercicio de sus derechos "para hacer que haya ciudadanos".
La vigencia del pensamiento y del ejemplo de Pablo Iglesias en las filas socialistas está netamente justificada, porque los valores que encarnó y los objetivos por los que trabajó siguen orientando o formando parte inseparable del proyecto socialista que defendemos.

Fieles a ese pasado, estamos obligados -a las puertas del próximo siglo- a reforzar el compromiso con nuestro partido y con la sociedad española a la que debemos servir, y nada nos parece mejor para fortalecer esa obligación que mantener vivo el legado de Pablo Iglesias y de todos aquellos que, como él, nos precedieron en el esfuerzo por alcanzar unos mismos ideales.

Joaquín Almunia
(Presentación de los volúmenes 2, 3 y 4 -En el Parlamento (1910-1923)- de la colección Obras Completas de Pablo Iglesias)