Instantáneas del recuerdo: Pablo Iglesias

E n los primeros años de este siglo, hacia 1904, siendo yo un niño, conocí a Pablo Iglesias. Lo conocí "de vista". Porque lo veía desde las ventanas de nuestra casa, en El Escorial, en verano, sentado en el balcón alto de la suya, donde siempre estaba, respirando el aire puro de la montaña. Nuestras casas estaban a la salida del pueblo, al final de la cuesta de la alameda y la calle de Peguerinos, en el comienzo del romeral, camino de la presa y la fuente de la teja, a campo abierto, poblado de pinos muy pequeños todavía y sin sombra, ardiendo al sol.
Al bajar al pueblo, teníamos que cruzar la calle pasando bajo su balcón. Allí estaba siempre. Me parecía muy viejo. Cuando pasábamos mi padre y yo, hacía ademán de levantarse para saludarnos. Recuerdo muy bien su gesto cariñoso, su sonrisa amable, su rostro "dulcemente duro" -que diría el poeta- como el que vi de Lenin momificado muchísimos años después en Moscú: casi diría que parecidos en mi recuerdo. Nos saludaba siempre con la mano, como mi padre a él; y cuando yo pasaba solo o con mis hermanos nos saludaba lo mismo.
Mi padre me hablaba algunas veces de Pablo Iglesias, aquél viejecito que yo veía constantemente en su balcón. La primera vez que me dijo quien era (ahora lo recuerdo muy bien) me dijo que era un obrero republicano y socialista. Yo lo único que comprendía era lo de obrero: la palabra republicano y socialista fue siempre inalterable para mí. Tiempos después, sin alterarlo, pensaba que un obrero no podía ser más que republicano (de esto estaba seguro y aún creo que lo sigo estando) y luego, socialista. Pero de esto último no estaba ni estuve muy seguro nunca.

L o importante y seguro para mi (y repito que lo sigue siendo, desde mi niñez hasta ahora, pasando por las "edades medias" o intermedias de mi vida) es lo de que un obrero español, por serlo y para serlo de veras, tiene que ser republicano: o, como si dijéramos, republicano de nacimiento. Si no es así, el obrerismo muere en él: el "obrerismo" popular, y por consiguiente, inmortal, de Pablo Iglesias, el obrero republicano que inventó o descubrió, por primera vez en España, el socialismo. Y que como obrero y republicano y español hablada marxismo sin saberlo.
Aquel partido obrero republicano y socialista español de Pablo Iglesias y sus sucesores legítimos, a los que yo, no solamente vi, como a él, sino que conocí y traté con amistad viva (Francisco Largo Caballero, Daniel Anguiano, Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos, Julián Besteiro, Luis Jiménez Asúa, Luis Arasquistáin, Julián Zugazagoitia, Juan Negrín...) murió como su fundador Pablo Iglesias. Y no murió "a manos de la melancolía" -que diría Cervantes- sino a las de la "cruzada" sangrienta que lo exterminó para siempre. Y precisamente porque era obrero y republicano y español como Pablo Iglesias.

Texto tomado del libro "Homenaje a Pablo Iglesias". Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 1979

José Bergamín