Evocación de Pablo Iglesias

P ablo Iglesias evoca muchas cosas en la imaginación de los socialistas. Evoca la rebeldía primordial del socialismo. Hay un Pablo Iglesias adolescente, erguido ante la injusticia y la brutalidad del encargado contra un compañero. Un Pablo Iglesias solo en su rebeldía, que vuelve a casa de su madre despedido del trabajo, sin saber qué comerán al día siguiente. Es el Pablo Iglesias que nos habita cuando la gente de nuestro entorno trata de desanimarnos de nuestro empeño, cuando se nos hacen prudentes llamadas al pragmatismo, a la cordura. Es el Pablo Iglesias encarcelado, el Pablo Iglesias que no pide clemencia cuando lucha, que convierte su sufrimiento en vergüenza para quienes lo provocan y para los neutrales.
Hay un Pablo Iglesias que estudia, que lee a los teóricos del socialismo, el Pablo Iglesias que devora libros y periódicos, que se cartea con Engels, que participa en debates en los ateneos, al lado y en frente de intelectuales prestigiosos. Es el Pablo Iglesias de la idea, del proyecto diríamos ahora. Un líder que cree en el poder de la palabra, de la razón. Es el director y el alma de
El Socialista, el pedagogo, un hombre volcado en el conocimiento como esperanza, como instrumento de emancipación de los oprimidos. Es el Pablo Iglesias que organiza y pone en marcha centros de formación de diverso tipo.

C ómo no, está el héroe esencial de la organización obrera, el líder orgánico, el hombre de partido y sindicato. Pablo Iglesias es el PSOE y la UGT, pero antes de eso es la Asociación del Arte de Imprimir, es la convicción de que este es un trabajo de muchos, de muchos y organizados. Todo es soportable cuando uno no está solo, cuando los días de cárcel y de persecución son el precio que se paga por un proyecto colectivo y no por una aventura individual. Es el líder que escribe cartas constantemente, que pregunta y trata de estar informado de todo lo relevante que pasa en la organización, que se preocupa por la situación de sus miembros, por los progresos organizativos.
Hay un Pablo Iglesias paciente, sereno, que sabe construir a largo plazo, que no se deja engañar por el fácil oportunismo. Un sólido Pablo Iglesias de los principios y de la acción, que se resiste a dejarse llevar por modas políticas exitosas y que se aplica en el camino recto de los valores del socialismo. Es posible imaginarlo, resistiendo sin desmayo la herida de su propia lucidez, manteniendo sus posiciones y aceptando el desgarro de la organización antes que la destrucción de los principios que le dan sentido.
Está el Pablo Iglesias de las instituciones, el parlamentario, el concejal, el hombre que representa ante los poderosos los intereses de los débiles, de los oprimidos y que lo hace acrecentando su dignidad y la de su causa. Un político al que se le niega la condición de político, al que sus enemigos tratan de ningunear en términos de hoy. Un político, que por el contrario, se impone como una evidencia imposible de obviar.
El rebelde, el estudioso, el organizador, el hombre de honor, el mártir, el líder orgánico y social, el propagandista. Todas esas cosas, y muchas otras, nos evoca Pablo Iglesias. Y los días tranquilos, cuando no hay nadie en Ferraz, uno podría sentir su benévola presencia en la que fue su casa, esa mezcla de firmeza y ternura que buscaron en él los que lo conocieron y que nosotros sólo podemos imaginar. Por eso, cuando vemos el enorme busto de piedra mutilado a la entrada de la sede federal, da la sensación de que está hecho a escala real, de que él era así. Pero no, era como nosotros, un hombre, y por eso precisamente nos parece un gigante.

José Luis Rodríguez Zapatero
Texto tomado del catálogo de la Exposición sobre Pablo Iglesias organizada por la Fundación Pablo Iglesias, PSOE y UGT. Noviembre 2000.